En la controversia Montanista, ¿Rechazó la iglesia la herejía o el Espíritu Santo?
Sentimos un especial sentimiento de conectividad cuando descubrimos que un
ancestro espiritual lucía como nosotros. Por ejemplo, aquellos que sufren por
la fe hoy, obtienen una inspiración de aquellos que fueron mártires en la
iglesia primitiva. Otros que anhelan una llenura espiritual y un testimonio
carismático, encuentran su atención en el movimiento entusiasta del siglo II
llamado Montanismo.
En este ejemplo, sin embargo, tenemos un problema: el Montanismo, el cual a
simple vista luce como el pentecostalismo moderno, fue ampliamente rechazado
como un movimiento herético en la iglesia primitiva. ¿Por qué?
Comienzo Inspiracional.
En algún momento alrededor del año 157 dC, en la provincia romana de Asia
Menor conocida como Frigia, un cristiano profesante llamado Montano comenzó a
profesar extáticamente. Clamando la inspiración del Espíritu Santo, pronto se
le unieron dos profetizas, Maximila y Priscila (Prisca). Ellos prestaron
especial atención a las enseñanzas bíblicas acerca del Paracletos, y clamaron
ser los últimos en la sucesión de los profetas que incluía las hijas de Felipe
según Hch. 21:8-9. Dijeron haber sido llamados para convocar a todos los
creyentes a una justa preparación para el descenso de la Nueva Jerusalén
celestial.
Para los años 170 dC, este movimiento de “nueva profecía” como se conocía para
ese entonces, se había expandido. El corazón de la actividad Montanista fue
siempre en Asia Menor, aunque misioneros convertidos fueron eventualmente
enviados a puestos de avanzada en Roma, Bizancio y Cartago. ¿Qué atrajo a
decenas de cristianos al Montanismo? Quizás la respuesta descansa en tres
palabras: autoridad, vitalidad y disciplina.
Los profetas montanistas decían tener revelación directa de Dios, y sus oráculos
eran atesorados y preservados como enseñanzas autoritativas para los fieles. Aquí
había una verdad fresca dada por el Espíritu para estos últimos días.
Más aun, tales revelaciones, brotaban como ellos solían hacerlo desde una
experiencia extática, donde había experiencias eléctricas para los profetas y
para la congregación al mismo tiempo.
Finalmente, había un renovado y vigoroso énfasis en la práctica de la
santidad, con enseñanzas proféticas en temas como el ayuno, el matrimonio, el
ascetismo, y la sanidad espiritual.
En su tratado “En el alma” el más
famoso de los convertidos al Montanismo, Tertuliano, ilustra la atracción del
movimiento.
“Ahora tenemos en medio de nosotros una hermana que ha sido favorecida con muchos dones espirituales de revelación, la cual experimenta en el Espíritu a través de extáticas visiones en medio de ritos sagrados del día del Señor en la iglesia. Ella conversa con ángeles y algunas veces incluso con el mismo Señor. Ve y oye comunicaciones misteriosas. Discierne el corazón de algunos hombres, y obtiene direcciones de sanidad para las necesidades de algunos de ellos. Esto puede ser en la lectura de las Escrituras o en el canto de Salmos o en la predicación de sermones o en el ofrecimiento de oraciones en todos estos servicios religiosos, la materia y la oportunidad le dan el lujo de ver visiones.”
¿Qué es lo que estaba mal?
No todos estaban tan enamorados con el movimiento. En el 192 dC, Serapión,
obispo de Antioquía, declaró que “la obra de la mentirosa organización llamada
Nueva Profecía es sostenida en abominación por toda la hermandad en el mundo”.
Otro obispo, quien escribió anónimamente alrededor del mismo tiempo, habló
de sínodos regionales en Asia Menor que estaban de acuerdo en comenzar una
controversia, con el fin de excomulgar a los Montanistas. Este estaba animado
por un reciente viaje a Ancara, en donde la iglesia estaba repicando con el
ruido del Montanismo.
Tanto el como otros escritores objetaron en contra del Montanismo en cinco
grandes puntos de vista.
1.
“Éxtasis
anormal”: Montano profetizaba en un delirio o frenesí, sin emplear la mente
racional, contrariamente a la manera que pertenece a la tradición apostólica y
su sucesión de la iglesia desde el comienzo.
2.
No control:
Cuando los obispos respetados de la iglesia y líderes buscaron practicar el
discernimiento con los profetas montanistas, estos profetas se negaron a
someterse.
3.
Mundanalidad:
Algunos cuestionaron los negocios financieros de los montanistas. Otros estaban
preocupados por su estilo de vida y se preguntaban ¿Tiñe un profeta su pelo?
¿se pinta sus párpados? ¿le gusta los adornos? ¿juega juegos de mesa, y dados y
apuesta dinero y hasta intereses?
4.
Revelación
extra-escritural: muchos estaban preocupados que las personas adoptaran los oráculos
de la Nueva Profecía en más alta estima que las Escrituras.
5.
Falsa
profecía: Maximila declaraba que habría guerras y rumores de guerra, y que después
de su muerte, no habría más profeta, sino, el fin. Aun, unos trece años después
de su muerte, hubo paz.
Por otro lado, unos pocos maestros ortodoxos, aunque no se unieron al
movimiento, rechazaron condenarlo. Ireneo, obispo de Lyon, por ejemplo, estaba
preocupado que esos que atacaban a los montanistas podrían tener un auténtico
don de profecía para la iglesia. Aquellos que hicieron esto, escribió, “no
admiten el aspecto presentado en el evangelio de Juan en el cual en Señor
prometió que enviaría el Paracletos, pero ellos ponen a un lado tanto en
evangelio como el Espíritu profético”.
Incluso el cazador de herejías del siglo IV Epifanio no pudo encontrar
serias faltas dentro del movimiento. A pesar de todo, la manera en que los
montanistas practicaban la fe mantenía a la mayoría de los cristianos
cautelosos.
El fin del movimiento.
Temprano en este siglo, el historiador francés Pierre de Labriolle mostró
como el Montanismo en Asia Menor siguió vivo hasta la Edad Media, aunque el
amplio entusiasmo por el movimiento se terminó en el siglo IV. Tertuliano (muerto
en 225 dC) quien escribió siete libros defendiendo a Montano, fue la figura más
sobresaliente del movimiento.
Los historiadores continúan el debate acerca de cómo la iglesia primitiva
manejó la mayordomía gemela de autoridad de la iglesia y poder espiritual. Algunos
proponen que la iglesia, por condenar el movimiento, aplastó el partido
cismático que pudiera haber creado incluso más disensión. Otros dicen que la amonestación
de Pablo fue ignorada en 1 Ts. 5:19-20 que dice: “No apaguéis al Espíritu, no menosprecies las profecías”.
Mucha de la literatura de la controversia (tales como En Éxtasis de Tertuliano)
está perdida o ha perecido. Lo que queda, sin embargo, es una cuestión de vital
interés no solo para los historiadores de doctrina, sino para los cristianos
guiados por el Espíritu hoy.
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