Thursday, October 9, 2014

Fino ajuste de la encarnación.








 
“Muchos errores fueron cometidos antes de que la iglesia descifrara la mejor forma de describir a Jesucristo”.

Poco después de la mitad del siglo II, Plinio el Joven, gobernador de Bitinia en Asia Menor consultó al emperador Trajano acerca del rápido esparcimiento de la “superstición” cristiana en su distrito, preguntándole que podía hacer con relación a esto. Luego de haber interrogado a varias personas, Plinio aprendió que “en un día específico” los cristianos se reunían antes del amanecer habitualmente y recitaban “un himno a Cristo, tanto como a Dios”.
Estos himnos, los cuales se remontaban a los días de la iglesia primitiva, agudamente contradicen la noción popular de que la doctrina de la encarnación es solo una creación de los teólogos del siglo IV, quienes hacían irrelevantes juegos de palabras. Mucho antes de que los emperadores cristianos convocaran sus reuniones solemnes, miles de servicios cristianos de adoración cantaban las alabanzas al Niño Santo de Belén.
Esta es una razón por la que el partido ortodoxo eventualmente triunfó en la controversia arriana: Atanasio simplemente discutió teológicamente lo que la iglesia había estado cantando por dos siglos. Pero si la controversia arriana estableció el hecho de la total divinidad y humanidad de Cristo, esta no estableció el hecho exactamente de como el Cristo divino se hizo humano. Este hecho fue dejado para teólogos posteriores.

Cristo sin un alma humana.
Con la conversión al cristianismo del emperador Constantino en 312 dC. La iglesia marcó una nueva fase en su triunfante expansión. Casi de la noche a la mañana se puso de moda el creer. Como resultado las iglesias se poblaron, como dijo el profesor Alan Richardson “con la mitad de los convertidos, la sociedad ambiciosa y sin instrucción” la mentalidad griega de Dios como un ser totalmente trascendente reapareció con nuevo vigor entre los cristianos profesantes, con resultados mezclados.
Durante el siglo IV, dos escuelas de teología ofrecieron interpretaciones bíblicas contrastantes de pasajes bíblicos que hablaban de la encarnación. Una de estas fue la escuela de Alejandría y la otra la de Antioquía. Los alejandrinos enfatizaron fuertemente la naturaleza divina; los antioqueños, la humana. Una comenzó en el cielo y se movió a la tierra; la otra comenzó en la tierra y miró hacia el cielo.
La primera explicación sofisticada de la encarnación vino del lado alejandrino en el debate, de uno llamado Apolinar (c. 310-392) un pastor anciano de Laodicea quien admiraba grandemente a Atanasio, líder además de la escuela alejandrina. Podemos estar inclinados a pensar que todo lo herético es escuro, que siniestras figuras doblaron y torcieron la verdad cristiana, pero el error de Apolinar que lo llevó a una herejía no ocurrió hasta que este tenía alrededor de sesenta años. Hasta entonces Apolinar disfrutaba de una reputación digna de un pilar de la ortodoxia. Las iglesias a lo largo del imperio experimentaron el duro golpe cuando por primera vez oyeron que el venerable obispo había caído en un error.
Haciendo eco de Atanasio, Apolinar comenzó su causa por la encarnación con la total divinidad de Cristo: solo Dios pudo salvar al mundo, y, si Cristo es Salvador, debe ser divino. Pero la pregunta es ¿Cómo?
El viejo maestro hacía énfasis sobre la idea de un acercamiento a la pregunta desde un punto de vista psicológico. Apolinar sentía que la naturaleza humana adoptó el cuerpo y el alma. Pero en la encarnación, el Verbo divino desplazó el alma animada y racional en un cuerpo humano, creando una “unidad de naturaleza” entre el Verbo y el cuerpo. La humanidad, creía Apolinar, era la esfera, no el instrumento de salvación, meramente el lugar donde la salvación ocurría, y no un medio de salvación. Cristo, por lo tanto, tenía solo una naturaleza: Apolinar habló de “una naturaleza encarnada en el verbo divino”. La tensión alejandrina en la deidad de Cristo permanecía, pero la única cosa humana acerca de Cristo era su cuerpo físico.
Apolinar, definido como lo era su herejía, merece nuestra alabanza por tener el esfuerzo primario en forzar a la iglesia a pensar más profundo con relación a Cristo. Su falta descansa en la inhabilidad de presionar más hacia el corazón de la verdad. El amplio respeto que Apolinar se había sabido ganar con el paso de los años explica la razón por la que nunca fue exiliado, aun, como un hereje, le fue prohibido adorar en la iglesia católica. Murió en sus ochenta, permaneció siendo un estudioso y un escritor hasta el final de su vida.
Las objeciones al Apolinarismo crecieron rápidamente. ¿No mostraban los evangelios un cuadro de Jesús como un ser humano normal psicológicamente, mostrando a Cristo con una mente humana y con emociones humanas? Y si el Verbo desplazó el alma humana racional, con sus poderes de escoger el pecar, ¿Cómo podría Cristo ser totalmente humano, y por lo tanto, como los seres humanos serian totalmente redimidos? Si el Verbo no se unió a una total humanidad consigo mismo, entonces, ¿Cómo podemos esperar ser salvos?
En esta atmosfera, el concilio de Constantinopla (381) efectivamente silenció las enseñanzas de Apolinar. Simplemente no estaban adecuadas a la descripción de la encarnación.

¿Madre de Dios?
La segunda herejía estaba asociada con el nombre Nestorio, un famoso predicador en Antioquía, quien en el 428 fue convocado a arzobispo de Constantinopla. En la sombra del palacio imperial, Nestorio, probó ser un devoto, de buenas intenciones pero estridente, y un predicador sin tacto. En las calles, su temperamento perseguidor le hizo ganarse el apodo “tea encendida”. Poco después de asumir sus deberes en la capital, lanzó un ataque en un sermón contra el término popular Theotokos o “Madre de Cristo”. Pero debido a su descuidad retórica dio a entender que él creía que Cristo no solo tenía dos naturalezas sino también dos voluntades, que habían dos Cristos, queriendo decir, uno divino y uno humano existiendo en el mismo cuerpo. Esto parecía negar el retrato de los evangelios que enseñaba a Jesús como una integridad individual, la controversia se expandió por el aire; cargos fueron pronunciados desde los púlpitos. Cirilo, obispo de Alejandría, llamó a Nestorio a que se retractara.
Para resolver el escándalo, el emperador adoptó la tradición de citar a un concilio general. Este fue llevado a cabo en Éfeso en el verano de 431. Nestorio se negó a asistir, pero el emperador, quien una vez había apoyado a Nestorio accedió a las demandas de Cirilo de deponer a “tea encendida”. Repudiado, Nestorio se vio a si mismo exiliado de su anterior monasterio en Antioquía, aun cuando el nuevo obispo asumió su púlpito en Constantinopla. Los seguidores de Nestorio fueron expulsados de la iglesia y pronto establecieron las Iglesias Sirias Nestóreas en el medio y lejano oriente, algunas de las cuales han sobrevivido hasta hoy.
Nestorio vivió hasta finales de 451, lo suficiente para dar la bienvenida a la epístola doctrinal del papa Leo y a la definición de ortodoxia anunciada en el concilio de Calcedonia. Recibió las conclusiones del concilio como si fueran suyas. “He sobrevivido al tormento de mi vida ", dijo antes de morir en las fronteras del imperio. “Cada día suplico a Dios que cumpla mi disolución, cuyos ojos han visto la salvación de Dios”.
Agudas palabras de un difamado hombre. Pero la controversia Nestoriana sirvió con un propósito más elevado. Los miembros más extremos de la escuela de Antioquía hicieron clara la necesidad de hablar acerca de Cristo, su deidad y humanidad en términos más convincentes, especialmente términos que describan la unión de ambas naturalezas en una sola persona.

Latrocinio.
Poco después del concilio de Éfeso, una tercera desgracia llamada Eutiquianismo se expandió en una controversia a lo largo del este. De un monasterio cerca de Constantinopla, un anciano monje indocto llamado Eutico (c. 378-454) comenzó a defender la deidad de Cristo con una enseñanza algunas veces llamada Monofisismo (del griego, una naturaleza). Eutico enseñó que la humanidad de Cristo fue absorbida en su deidad, así como una gota de miel que cae en el mar se disuelve en este. Esto fue virtualmente un resurgir del Apolinarismo, y antes de esto, Docetismo (la enseñanza de que Cristo solo parecía ser un hombre)
El patriarca Flaviano de Constantinopla pronunció al monje de hereje. En Alejandría, de todos modos, Dióscoro el patriarca de la ciudad, estaba ansioso de hacer valer su poder en Constantinopla. Con su pedido el emperador otra vez convocó un “concilio imperial”. Este en Éfeso en 449 permitió a Dióscoro rehabilitar a Eutico, pero el resto de la iglesia vio esto con ojos políticos. El papa Leo lo llamó como latrocinio y se unió al emperador Flaviano en convocar al emperador para un nuevo concilio.  Tal fue el sombrío trasfondo del histórico concilio de Calcedonia, un pueblo no muy lejos de Constantinopla.
En el 451 cerca de cuatrocientos obispos rápidamente acusaron a Dióscoro por sus acciones en el latrocinio y luego abogaron por la definición que había sido dada para referirse a la ortodoxia. Calcedonia admirablemente afirmaba que Cristo no es Dios.
Una vez más la temprana herejía de Arrio, la asamblea afirmó que Jesús era verdaderamente Dios, y una vez más contra Apolinar que Cristo era totalmente hombre. Contra Eutico se confesó que la deidad de Jesús y la humanidad no se cambiaron en alguna otra cosa dentro de Su persona, y en contra de Nestorio que Jesús no estaba dividido, sino que era una sola persona.
Para negar la concepción griega de Dios como el desinteresado y ajeno al universo, y al mismo tiempo ser fiel a las escrituras, Calcedonia no ofreció “explicación” acerca del misterio de Jesús. Los padres del concilio sabían que Jesús no puede ser enmarcado en una clase específica. Él es absolutamente único. Calcedonia dejó en misterio intacto; la iglesia siguió adorando en comunidad.
Pero la afirmación también hizo posible decir la historia de Jesús como una buena noticia. Como Jesús era un ser humano normal, podía cumplir cada demanda de la ley de Dios, y pudo sufrir y morir una muerte real. Como Jesús era totalmente Dios, su muerte fue capaz de satisfacer la justicia divina. Dios mismo había, por su gracia, provisto el sacrificio.

Tuesday, October 7, 2014

Un martillo que golpeó la herejía (Parte 3)





Poesía del caos.
En su forma original, el credo de Nicea fue un arma: que se convertiría en un artículo más sublime de fe en tiempo, cuando la poesía, la ornamentación y un ritmo menos abrupto fueron modificándolo por el simple proceso de adición de palabras. Estas palabras, las cuales dieron profundidad y resonancia al credo, fueron agregadas en el concilio de Constantinopla en el 381 dC y finalmente aprobadas en el concilio de Calcedonia en 451 dC. Entonces la segunda cláusula se lee así:
“y en un Señor Jesucristo, el Unigénito hijo de Dios, engendrado del Padre antes de todos los mundos, Luz de Luz, Dios de Dios, engendrado, no creado, siendo de una misma sustancia con el Padre, a través de quien todas las cosas fueron hechas, quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos y fue hecho carne por el Espíritu Santo y la virgen María y fue hecho hombre, y fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, y sufrió y fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras y ascendió a los cielos y se sentó a la diestra del Padre y vendrá otra vez en gloria a juzgar el pecado y la muerte y su reino no tendrá fin”.
Y así, vino a través de un lento proceso de revisión y corrección de errores, como un poeta sustituiría una nueva palabra o una línea, revisando su ritmo y belleza y haciendo un resumen de la fe cristiana, dicho resumen, como pudo haber pasado pudo haberse  desviado de la mente de los apóstoles.
Pero de hecho esta declaración de fe vino a través de un arduo y lento proceso después de muchas amargas contiendas y muchas sutiles peleas dialécticas y en la versión aceptada por el occidente, iban a haber más cambios. Las palabras “Dios de Dios” omitidas en el credo original de la iglesia de Constantinopla, fueron restauradas, y hubo más alteraciones las cuales cuando finalizó la contienda contra el arrianismo perdieron su influencia. Nadie que lea el credo según la versión occidental el día de hoy necesita recordar que esto fue un martillo que golpeó la herejía.
Pero la herejía continuó, ninguna de las diatribas de Atanasio ni ninguna de las decisiones del concilio tuvo poder para prevenir la herejía. 
Más tarde Atanasio escribiría al emperador Joviano diciendo que Nicea fue la ocasión para una proscripción pública de todas las herejías. Por un tiempo él creyó que la palabra del Señor, la cual había sido dada en el concilio ecuménico de Nicea permanecía por siempre. Tenía buenas razones para creer que había ganado un resonante éxito.
Constantino había ganado. Arrio había sido públicamente anatemizado, según el historiador Sócrates, Constantino lanzó un escrito imperial ordenando que todos los libros de Arrio fueran quemados, para que su depravada doctrina fuera enteramente suprimida y para que así no quedara memoria de él en el mundo. El castigo por mantener cualquier libro escrito por Arrio era la muerte.
Unos cincuenta y cuatro años más tarde cuando Gregorio Nacianceno  fue convocado a Constantinopla encontró una sola pequeña congregación en la ciudad que no se había convertido al arrianismo. Al final el arrianismo estaba para morir y a la larga como resultado de las perseverantes declaraciones doctrinales de Atanasio. Pero a pesar de esto los anatemas seguían siendo una fuerza viviente en la tierra.

 Banquete de clausura.
El concilio vino a un fin el 25 de julio con un solemne banquete dirigido por el emperador. Había deliberado por un periodo de casi siete semanas, no solo acerca de la herejía arriana. Una traducción árabe del canon de las escrituras discutido en Nicea encontrado en el siglo XVI muestra que ellos discutieron en ochenta y cuatro asuntos que van desde la fecha de resurrección, hasta determinar si el clero se puede casar o no.
Ahora ya cansados los obispos se prepararon para irse de regreso a sus casas, las últimas declaraciones y pláticas habían sido hechas, solo quedaba el banquete ceremonial con el emperador sentado a la mesa en medio de todos ellos. Constantino vestido de morado, dorado, y piedras preciosas estaba de buen humor. Añadió a Atanasio, quien dio regalos a los obispos que le favorecieron, y en un punto convocó al no regenerado obispo Asecio quien poseía una singular postura con relación a la herejía novaciana quien mantenía que como solo Dios podía perdonar pecados y que cualquiera que cometía pecados después del bautismo debería ser permanentemente apartado de la santa comunión. Constantino le recordó a Asecio que la doctrina de la iglesia estaba finalmente establecida. Asecio hizo dio un largo discurso acerca de su puritana interpretación de las escrituras. Constantino soltó una carcajada “Ho, ho Asecio ahora pon una escalera y escala al cielo por tu propia cuenta”

Y algún tiempo después, Constantino convocó al obispo Pafnucio, besó el encaje vacío, presionó sus piernas y brazos, fue especialmente gentil con todos los obispos quienes habían sufrido durante la persecución. Entonces los obispos salieron todos a través de una línea de guardaespaldas que en alto cruzabas sus espadas desenvainadas. Y así el concilio había terminado.     

Wednesday, September 10, 2014

Un martillo que golpeó la herejía (parte 2)






Aunque fueron transmitidos cinco reportes separados del concilio por los testigos oculares, y hay otros ocho registros escritos por los historiadores de la generación inmediata que siguió a los de Nicea, no sabemos exactamente donde el concilio tuvo lugar, si en un edificio especial erigido para este tipo de propósito, o si fue en el palacio imperial.
La tradición apunta a un sitio en las orillas del lago, un vasto salón de mármol con columnas, y quizás abierto a la luz del sol, en el centro del salón había un trono en el cual se puso una copia de los evangelios, y a lo lejos al final había otro trono para el emperador, tallado en madera ricamente dorado y puesto por encima del nivel de unos tronos sin pintar para los obispos.
En este salón, temprano en la mañana el domingo de la ascensión, mientras la niebla flotaba en el lago, los obispos esperaban la llegada del emperador. Varios obispos habían puesto sus ojos en el emperador quien sin la ayuda de nadie había hecho del Oriente y el Occidente un solo imperio, y se había mostrado a sí mismo como un muy devoto cristiano, los obispos esperaban con expectación.
Al final escucharon una compañía de guardias armados y luego algunos altos oficiales de la corte, quienes se habían vuelto al cristianismo entrando al salón anunciando que el emperador venia en camino. Los obispos se pusieron de pie, pronto se vio un mensajero levantando una antorcha, la señal de que el emperador estaba a punto de entrar, y luego, como niños estos obispos de Siria, Cilicia, Arabia, Palestina, Egipto, Libia, Mesopotamia, Persia, Escitia y Europa quedaron todos en silencio. Su majestad humana en la persona de Constantino Víctor Augusto Máximo estaba a punto de aparecer frente a sus ojos y en la historia del mundo, solo Octavio, quien había gobernado en los tiempos de Cristo, había reinado en un imperio tan grande.
Constantino vestía botas rojas de tacón alto, una túnica morada de seda con joyas de oro bordadas y había más joyas incrustadas en su diadema. Para ese entonces tenía cincuenta y un años de edad pero lucia más joven, enormemente alto y vigoroso con un color fuerte y un extraño brillo en sus ojos fieros como de león, tenía su pelo largo, pero su barba había sido recortada, tenía su cuello grueso y duro y una curiosa manera de tocarse su nuca, la cual no parecía estar bien afirmada en sus poderosos hombros y había en todos sus movimientos uno muy poco casual que cuando Constantino caminaba daba la impresión de que estaba bailando.

Las palabras de Constantino.
Habiendo caminado lentamente a todo lo largo del salón, Constantino se sentó en silencio por un momento, sentándose entre el papa Alejandro de Alejandría y su consejero cercano el obispo Hosio de Córdova. Todos los ojos estaban fijos en él. El obispo Eusebio de Cesarea (o más conocido como Eustacio de Antioquia) leyeron un discurso de bienvenida en prosa métrica y luego cantaron un himno de acción de gracias por las victorias del emperador, luego otra vez hubo silencio hasta que Constantino se puso de pie, y hablando en latín que era el idioma oficial de la corte, es un tono de voz que parecía muy gentil y serena para un hombre de mando, les hizo recordar a los obispos que había sido el poder de Dios el que había destronado a los tiranos y que peor que cualquier campo de batalla era una guerra civil entre las facciones de la iglesia.
“Es mi deseo” dijo, “que se hayan reunido todos ustedes en un concilio general y así yo le pueda ofrecer al Rey de todo mi gratitud por su misericordia que ha llegado a mí por encima de todas las misericordias, quiero decir que me ha sido permitido el beneficio de verles juntos y saber que ustedes han resuelto estar todos en común armonía”.
Todo esto era adulación, ya que el propósito de la convocación había sido resolver un conflicto más amargo aun, y Constantino sabía bastante bien por las peticiones que había recibido de los obispos que la tirantez seguía vigente.
Constantino continuó: “cuando yo gané mis victorias sobre mis enemigos, pensé que no me quedaba otra cosa que dar gracias a Dios y regocijarme con aquellos que habían sido liberados por mí, pero cuando me di cuenta, contrario a todas mis expectaciones, que había divisiones entre ustedes, solemnemente las consideré y orando que todo esto pudiera ser sanado con mi presencia, los convoqué a todos ustedes aquí sin ninguna demora. Me regocijo de verles aquí y aun me regocijaré más de ver una unidad y afecto entre ustedes. Yo les imploro, por lo tanto, amados ministros de Dios, quitar las causas de disensión entre ustedes y establecer la paz”.
No había dudas de las amenazas detrás de las palabras y para hacer su amenaza más clara aun, el emperador convocó a uno de sus siervos y silenciosamente mostró los rollos, pergaminos y cartas que contenían las quejas y las peticiones que los obispos previamente le habían enviado al emperador. Se creó un bracero. El emperador arrojó las peticiones en las llamas. Mientras se estaban quemando, explicó que todas estas peticiones aparecerían otra vez en el día del juicio y que entonces el gran Juez de todas las cosas, pasaría juicio sobre todas ellas, porque él estaría contento en escuchar las deliberaciones públicas de los obispos y que no había leído estas amargas correspondencias que le habían sido enviadas.

Debates viciosos en canción.
La conferencia estaba ahora abierta. A la misma vez los arrianos y los anti-arrianos estaban unos en contra de los otros. Denuncias y fuertes acusaciones fluían a lo largo de todo el salón. Cada uno de repente refutaba, había un fuerte movimiento de manos, era como una batalla en la oscuridad. El historiador Sócrates dijo más tarde: “Apenas cada uno parecía saber hasta qué punto calumniaba a su adversario.”
Constantino había invitado a Arrio a estar presente y escuchaba seriamente cuando Arrio explicaba la naturaleza de sus creencias y no estaba particularmente sorprendido cuando Arrio estalló en un largo y sustancioso canto, donde había puesto sus creencias en música. Estos cantos y canciones eran cantados por las personas y Arrio pudo haber pensado que el emperador escucharía más agudamente los cantos que las discusiones en la fe.
El increado Dios ha hecho al Hijo, un comienzo a las cosas creadas, y por adopción ha sido hecho Dios Hijo. Hacia una ventaja en sí mismo aun la sustancia del Hijo es quitada de la del Padre: El Hijo no es igual al Padre ni tampoco comparten la misma sustancia. Dios es el omnisciente Padre y el Hijo es el maestro de sus misterios. Los miembros de la Santa Trinidad comparten glorias desiguales.
Los obispos antiarrianos quedaron horrorizados, cerraron sus ojos, y pusieron sus manos sobre sus oídos. Fue como si en medio de un crítico debate acerca del futuro del mundo, alguien interrumpiera con una serie de rimas sin sentido o una serie de ecuaciones matemáticas estupefactas y absurdas.
Aun los sentimientos de los arrianos estaban en sus rimas cantadas por un músico empleado por la banda de danza de Alejandría. Arrio con su blanca y demacrada cara, su fibroso cabello que le llegaba a los hombros, pudo rechazar cualquier argumento teológico simplemente cantando una de estas canciones y cuando Atanasio (como cualquier otro) respondió con un fuerte argumento, hubo consternación, porque parecía que estaban hablando en idiomas diferentes acerca de asuntos diferentes, como dos hombres de diferentes mundos o diferentes universos.

Una puñalada al compromiso.
Probablemente Atanasio estaba de pie detrás del papa Alejandro, y por lo tanto muy cerca del emperador. Sabemos que Atanasio atrajo la atención del emperador, pero no fue Atanasio quien resolvió el asunto, parece haber sido Hosio quien anunció que la simple forma de llegar a un acuerdo sería elaborando un credo.
El primer credo presentado al concilio fue escrito por dieciocho obispos arrianos. Expresado en un lenguaje escritural, este credo establecía la posición arriana tan ofensivamente que la algarabía irrumpió en todo el salón cuando el credo fue solemnemente presentado para la observación de todos los obispos.
Para este momento Eusebio de Cesarea sugirió un credo que él había escuchado por primera vez cuando era un niño, un credo asombrosamente bello que sería la base para establecer el credo que finalmente se adoptó. Eusebio fue cuidadoso en decir que el anticipaba este credo por el hecho de que él creía que las cosas divinas no podían ser totalmente expresadas en lenguajes humanos: no era perfecto, pero estaba tan cerca a la perfección que siempre él quiso llegar. Este credo dice:
“Creemos en un Dios, el Padre, Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles, y en un Señor Jesucristo, el Verbo de Dios, Dios de Dios, Luz de la Luz, Vida de la Vida, el Único Hijo Unigénito, el Primogénito de toda criatura, engendrado del Padre antes de todos los mundos, a través de quien también todas las cosas fueron hechas. Quien por nuestra salvación fue hecho carne, y vivió entre los hombres, y sufrió y resucitó al tercer día y ascendió al Padre y regresará otra vez en gloria para juzgar la carne y la muerte. Y en el único Espíritu Santo, creyendo que cada uno son y tienen existencia el Padre solo el Padre, el Hijo solo el Hijo, y el Espíritu Santo solo el Espíritu Santo… ”
Este credo fue aceptado por el emperador, y los arrianos no viendo en este nada que destruyera su posición lo hubieran aceptado si sus oponentes no hubieran visto que este credo fallaba en alguna manera en resolver el conflicto. Fue necesario establecer el credo en una manera tal que los arrianos fueran forzados a negar sus principios esenciales.
El papa Alejandro discutió el asunto con Hosio. Constantino volviéndose en contra de los arrianos que antes había favorecido, sugirió que Cristo debía ser definido como homoousios (uno en esencia con el Padre) y esta definición debería ser incluida en el credo. Los obispos ortodoxos estaban ganando fuerzas.
Un nuevo credo fue formado, haciendo una mezcla en el anterior y algunas inclusiones, unas declaraciones más vigorosas en contra de los arrianos fueron anunciadas por Hosio el diecinueve de junio, este credo se lee así:
“Creemos en un Dios, el Padre, Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, engendrado del Padre, solo engendrado, lo que quiere decir, de la misma sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, totalmente Dios de totalmente Dios, engendrado, no creado, de la misma sustancia del Padre, por quien todas las cosas fueron hechas, tanto en los cielos como en la tierra; quien por nosotros los hombres, y por nuestra salvación descendió y fue hecho carne, fue hecho hombre, sufrió y resucitó otra vez al tercer día, ascendió a los cielos, y regresará a juzgar la carne y la muerte. Y en el Espíritu Santo. Y aquellos que dicen ‘hubo un tiempo cuando el Hijo no era’ y ‘no existía antes que fuera creado’ y ‘fue hecho de la nada’ o aquellos que pretenden que el Hijo de Dios es ‘de otra hipostasis o sustancia’ o ‘creado’ o ‘alterable’ o ‘mutable’ la iglesia universal lo tendrá por anatema.”

Con esta forma el credo de Nicea dejó mucho que desear. Fue torturado, de filo áspero, sin poesía o ritmo y sin la nobleza de un credo de la iglesia de Palestina. Pero varias palabras que dieron significación viva al credo original “el Verbo de Dios” “el Primogénito de toda criatura” “engendrado del Padre antes de todos los mundos” fueron de hecho deliberadamente omitidas para mostrar que los triunfantes alejandrinos estaban resueltos a no comprometer ninguna laguna para que los arrianos lo doblaran y lo malinterpretaran.

Thursday, August 7, 2014

Un martillo que golpeó en la herejía. (Parte 1)






¿Qué pasó exactamente en el famoso concilio de Nicea cuando el emperador romano convocó a unos doscientos cincuenta obispos a debatir?

“Fue de gran importancia en la historia del cristianismo e incluso en la de la humanidad” escribió W. H. C. Frend, acerca del primer concilio de Nicea.
Él ha historia del cristianismo la doctrina de la divinidad de Cristo, una doctrina esencial y única en la cristiandad, fue afirmada formalmente por primera vez. Nunca antes en la historia del mundo se había reunido toda la iglesia para determinar la norma y la doctrina, y mucho menos en solicitud del emperador romano.
El siguiente artículo escrito por el escritor y biógrafo Robert Payne es extractado y adaptado de su libro: “El Santo Fuego: La Historia de las Iglesias Cristianas de los Primeros Siglos en el Cercano Oriente” cuarenta años de erudición más tarde uno puede ser quisquilloso acerca de detalles históricos (clarificaciones y algunos soportes actualizados que han sido encontrados) pero ninguna otra narrativa transmite tan bien la dimensión humana de este evento crítico.
Alejandro de Alejandría había llamado a los presbíteros a una reunión. De acuerdo con el historiador Sócrates, el envejecimiento de “papa” (algunos obispos ancianos eran llamados papa, lo que quiere decir padre) con, tal vez mucha minuciosidad filosófica, comenzó la discusión del misterio teológico de la Santa Trinidad.
Alejandro había discutido el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo por algún tiempo cuando fue interrumpido por uno de los presbíteros llamado Arrio, nativo de Libia. No hay evidencia de que Alejandro fuera un teólogo profundo. Él pudo haber fallado y es posible que Arrio hubiera estado justificado en acusar a Alejandro de Sabelianismo, una herejía que envolvía la creencia en la unidad de Dios al costo de la realidad de la Trinidad. Pero combatiendo a Alejandro, Arrio cayó en una nueva herejía, cuando dijo: “si el Padre engendró al Hijo, entonces ese que fue engendrado tiene un comienzo en existencia y de esto sigue que hubo un tiempo cuando el Hijo no era”.
Aquí, en algún momento en 319 dC, el grito de los arrianos “hubo un tiempo cuando el Hijo no existía “fue por primera vez escuchado. Estas palabras iban a tener una influencia extraordinaria en la formación de la iglesia, fueron una dinamita que separó la iglesia en do, y estas palabras, que se leen en griego como la estrofa de una canción, siguieron haciendo eco a través de los siglos.

El problema.
Alejandro fue consternado por la nueva herejía y sabía que había que tomar medidas desesperadas para combatirla. Una vez que fuera admitido “hubo un tiempo cuando el Hijo no existía”, entonces desconcertantes series de futuras herejías seguirían de esta. Alto como es, el Hijo ahora sigue siendo infinitamente más bajo que el Padre. Las palabras son como un calzo dividiendo el monoteísmo de la iglesia. Atanasio (el jefe de los diáconos asistentes de Alejandro) vio claramente el peligro y parece haber tomado la tarea de refutar a Arrio por encima de Alejandro.
Para el crédito de Atanasio, este vio claramente que el daño más peligroso de las herejías, era precisamente la herejía anunciada por Arrio. Y esta era una herejía muy grave. Todo lo que Arrio dijo fue que si el Padre engendró al Hijo, entonces el Hijo tuvo que tener un nacimiento, y por lo tanto hubo un tiempo cuando el Hijo de Dios no existió. El Hijo había venido a la existencia de acuerdo a la voluntad del Padre celestial, aunque mayor que el hombre, Cristo no era más que un mediador entre el hombre y Dios.
No, respondieron Alejandro y Atanasio; Cristo es absolutamente Dios. En nuestra propia era de herejía, la discusión entre Atanasio y Arrio parece ser una separación de pelos, pero para ese tiempo no era así. El historiador Gibón asumió por el pensamiento que el cristianismo había naufragado en la controversia entre  homooussios y homoiousios el destino de la humanidad colgando en una simple iota. Pero la diferencia entre Cristo el mediador y Cristo el Dios es muy real y si Cristo es de la misma sustancia [homo-ousios] o una sustancia [homoi-ousios] como Dios el Padre es un hecho de importancia para toda la cristiandad y no solo para los teólogos
El arrianismo trajo a Cristo abajo a la tierra, haciéndole inferior al Padre y más popular. Siguiendo a Arrio, una persona puede creer que Cristo no fue más que un héroe virtuoso y magníficamente como Dios. Alejandro y Atanasio se rebelaron contra esta concepción y parecieron haber estado perfectamente conscientes de que esta herejía tenía el poder de destruir la iglesia como ellos la conocían.

Primera ronda.
Alejandro parece haber actuado con paciencia, hubo largas y privadas entrevistas con Arrio, oraciones especiales fueron ofrecidas en contra de la naciente herejía. El clero de Alejandría fue convocado para debatir el hecho y muchos de ellos firmaron una carta urgente a Arrio rogándole que considerara retractarse de su herejía. Arrio se rehusó.
Alejandro no tuvo otra alternativa que convocar el sínodo de los obispos de Egipto y Libia y destituir a Arrio y sus seguidores. Luego Alejandro lanzó una encíclica diciendo lacónicamente que la pelea había ido más allá de sus poderes de sanación y que los puntos de vista de Arrio eran anatemas. La herejía que estaba por crecer como una gran flor venenosa era todavía solo un capullo y no todas sus implicaciones eran visibles al principio. En su encíclica, Alejandro, explica algunas de las consecuencias de la herejía:
“las innovaciones de los arrianos que han puesto en dirección contraria las escrituras son estas: Dios no fue siempre un Padre… el Verbo de Dios no existió siempre… ya que hubo un tiempo cuando Este no existía… además tampoco es de la misma naturaleza que el Padre ni es tampoco es la verdadera Palabra del Padre ni tampoco la verdadera sabiduría… y el Padre no puede ser descrito por el Hijo… ya que el Verbo no conoce perfecta y adecuadamente al Padre”.
La carta de Alejandro en la cual muestra signos de haber sido escrita parcialmente por Atanasio, es un resumen magistral de la herejía en sus comienzos, pero sufría de una falta obvia. Estaba muy unida y lógica. Las personas querían algo que pudieran cantar, y de esto Arrio proveyó en abundancia Hubo un tiempo cuando el Hijo no existía“se convirtió en una frase llamativa, hubo otras muchas frases llamativas, himnos y canciones para ser cantadas en las mesas, por los por los marineros, molineros y viajeros. El pueblo tomó la causa de Arrio, quien abandonó Palestina y más tarde Nicomedia donde estaba protegido por el obispo. Aquí en una esquina de Asia Menor, no lejos de Bizancio, Arrio continuó insultando al papa de Alejandría, con la seguridad y convencimiento de que el pueblo estaba de su lado.
Arrio poseyó otras ventajas. Eusebio, el obispo de Nicomedia, tenía amigos en la corte y estaba particularmente allegado a Constancia, la hermana del emperador Constantino, ya el mal que había comenzado en la iglesia de Alejandría estaba corriendo a través de todo Egipto, Libia, el Alto Tebas, Palestina y Asia Menor.

El emperador da sus pasos.
Inevitablemente esto vino a los oídos del emperador, quien discutió con Hosio, el santo obispo de Córdova, que se debería hacer para poner fin a las peleas entre las sectas. Como Santiago I de Inglaterra, Constantino consideraba la unidad como la madre den orden y él no estaba demasiado interesado con la verdad teológica puesta en juego: por lo que decidió enviar a Hosio a Nicomedia y Alejandría con una carta escrita de su puño y letra, donde ordenaba por mandato imperial el fin de toda discusión.
La carta, una de las más sorprendentes cartas escritas por un emperador a sus obispos, ha llegado a nosotros en una versión que no muestra signos de haber sido editada. Está en un temperamento caliente, quejumbroso, desarticulado y dominante. Es abundantemente claro que el emperador no está muy seguro en su mente de que se trata la discusión. El observa que “estas cuestiones son la telaraña de inactividad de la discordia tejida por ingenios curiosos” y pregunta, “¿quién es capaz de distinguir tan profundos y ocultos misterios?” el reconoce que los recipientes están bien armados con argumentos, pero no le da a estos ni pie ni cabeza.
Los filósofos paganos hicieron mejor: ellos rápidamente estuvieron de acuerdo o mostraron su desacuerdo. Pero estos nuevos filósofos son implacables y determinados enemigos de la paz, dejarles tomar profesión de su ignorancia es el propósito final de Dios...
Fue precisamente esta profesión la que Arrio y Atanasio estaban incapacitados de tomar casi en desesperación Constantino concluyó su carta: “viendo que nuestro gran y glorioso Dios, el preservador de todo, nos ha dado una luz común en su gracia yo les ruego que mis esfuerzos sean traídos a un fin próspero y mi pueblo sea persuadido de abrazar la paz y la concordia. Permítanme terminar mis días y mis noches en paz y que yo tenga luz en alegría en vez de lágrimas y gemidos”.
Si Constantino hubiera esperado seriamente poner fin a la disputa, había actuado muy tarde la discusión estaba flameando furiosamente. En cada ciudad, escribió un historiador, los obispos contendían con los obispos y el pueblo contendía unos con otros como enjambres de jejenes luchando en el aire.
Otro historiador destacó el peligro aun mas agriamente: “en tiempos anteriores la iglesia era atacada por enemigos y extranjeros desde afuera, hoy esos que son nativos del mismo país que moran bajo el mismo techo y se sientan juntos en la mesa luchan con sus lenguas como si fueran lanzas”. Cuando Hosio regresó de su misión en Nicomedia y Alejandría era un hombre derrotado y solo pudo reportar que no había visto el fin del fuego que había comenzado cuando un envejecido papa dirigió a sus presbíteros a una discusión con relación a la Santa Trinidad.
Había habido derramamiento de sangre en las calles; Alejandría y Nicomedia estaban intercambiando burlas desafiantes. Constantino decidió tirar todas sus influencias en la batalla.

Convocación al concilio.
Constantino decidió convocar a un concilio general, el primer de una larga serie de concilios de la iglesia que terminó con el concilio de Trento (1545-1563). Escogió como sede del mismo la pequeña ciudad de Nicea, en Bitinia, a unas pocas millas de Nicomedia.
Por órdenes de Constantino 1800 obispos fueron invitados a atender a dicho concilio. Se enviaron mensajeros a todas las partes del imperio con invitaciones, cada obispo estaba autorizado a traer consigo dos presbíteros y tres siervos de su séquito, los servicios de correo público serian ofrecidos gratis, desde todas las esquinas del imperio los obispos descendieron hacia Nicea, poblando los caminos públicos.
No era un buen tiempo para viajar. Los ríos del oriente estaban crecidos con las lluvias tardías de la primavera, y aunque el imperio se extendía desde Gran Bretaña por la frontera de Persia, que estaba bajo condiciones de paz, había soldados merodeando y bandas entre los caminos. Menos de cuatrocientos obispos respondieron a la convocación imperial, pero su número fue absorbido por una horda de presbíteros, diáconos y laicos que si atendieron.
Muchos de los eclesiásticos vinieron del este, por Europa y el norte de África, que aún no se había corrompido por el cisma. Seis obispos y dos presbíteros representaron a occidente. Estos eran Hosio de Córdova, Ceciliano de Cartago, Nicasio de Dijon, Domo de Estrido en Pannonia, Eustorgio de Milán, y Marco de Calabria.  Los dos presbíteros romanos Víctor y Vicencio representaron al anciano y ya muriendo Silvestre obispo de Roma.
Del oriente vinieron obispos que habían sufrido persecución estaba Pablo, obispo de la mesopotámica Cesarea con sus manos quemadas por las llamas, Pafnucio del alto Egipto, famoso por la austeridad de su vida, había tenido si ojo derecho sacado y los tendones de su pierna izquierda habían sido cortados durante la persecución de Diocleciano. El obispo Potamon de Heraclea que había conocido a Antonio y había vivido en el desierto del Nilo había también perdido un ojo
También estaba Santiago, obispo de Nisibis, quien usaba un abrigo de pelo de camello, y de la Isla de Chipre vino el obispo Espiridion, un santo pastor que se rehusó a pastorear la ovejas aun cuando fue elevado al episcopado, un hombre que había hecho milagros en beneficio de los de Chipre y para su mayor deleite tronó en contra de la virginidad, diciendo que estaba correcto y era permitido que las parejas casadas podían y debían disfrutar de la intimidad matrimonial. También estaba Juan, obispo de Persia, de las tierras fuera del imperio, y de un lugar desconocido del norte vino Teófilo de Got, un escita de pelo rubio de algún lugar de Rusia.
Esta abigarrada multitud de obispos representaba varias tradiciones de la cristiandad, había hombres intelectuales de rasgos afilados, había hombres sabios, ermitaños, que habían pasado años de sus vidas vestidos de pieles de cabras y ovejas, viviendo de raíces y hojas de árboles. Había hombres tan santos que era casi de esperarse que estos hicieran milagros durante el concilio.
Había hombres cascarrabias y hombres llenos de herejías, hombres que habían llegado a Nicea buscando el favor del emperador, había hombres que habían venido pacíficamente, con la intensión de observar y luego reportar a sus congregaciones y otros con la determinación de levantar las contiendas en las cámaras del concilio.

Aun así en última instancia, ninguno de estos hombres, excepto Hosio de Córdova iba a tener un efecto tan grande sobre las conferencias del concilio.

Tuesday, July 22, 2014

Siguiendo las pistas de los primeros cristianos.






¿Hasta que punto podemos hoy imitar las práctias de adoración de la iglesia primitiva?

Muchas prácticas de adoración que encontramos en las páginas del Nuevo Testamento y en la cristiandad primitiva son tentadoramente oscuras ¿Por qué los cristianos eran bautizados para la muerte? ¿Por qué a las mujeres se les requería cubrirse su cabeza? ¿Por qué los creyentes se lavaban los pies los unos a los otros? ¿Qué es lo que hacemos hoy en día de esas prácticas? ¿Debemos continuar haciéndolas?
Muchas son claramente obligatorias, o totalmente descritas como válidas, en el Nuevo Testamento. Pero aun así descubrimos muchas de ellas difíciles de practicar en nuestra contemporánea adoración.
Algunas veces nuestro problema es falta de conocimiento. Mucha de la descripción de la adoración en el Nuevo Testamento da la impresión de que las prácticas de adoración eran desarrolladas, a propósito, desarrolladas por las necesidades del momento.
Algunas veces no conocemos la intensión de los varios significados de las prácticas de adoración ni sus ocasiones. Pero otras veces podemos leer los textos muy claramente. La pregunta es ¿Qué principio es ilustrado y puesto en vigor? Para que podamos genuinamente rompernos la cabeza en el por qué los primeros cristianos practicaros ciertos ritos y si podemos y debemos o como seguir su ejemplo.

El lavamiento de los pies.
Podemos tomar como un caso que nos pueda ayudar la práctica del lavado de pies. Esta práctica es prescrita en el Nuevo  Testamento y es observada en las comunidades tempranas de los cristianos. Aun cuando ha sido tanto practicada y negada en las iglesias de hoy en día. ¿Debería el lavamiento de pies ser parte de nuestra adoración hoy?
El Nuevo Testamento apoya el lavamiento de pies en Juan 13:4-5; 12-15, cuando se narra el evento de Jesús lavando los pies a sus discípulos en la escena de la última cena.
Lavar los pies de los discípulos refleja una civilización que conocía solo calles y caminos no pavimentados, sandalias con los dedos al descubierto y un clima que agravaba los pies de los cansados viajeros. Lavar los pies era una señal de hospitalidad para los visitantes tanto de Israel como del mundo greco-romano (Lc. 7:44; 1 Ti. 5:10)
Los cristianos primitivos preservaron esa práctica como parte del bautismo o incluso como dentro de la misma fórmula bautismal. Ambrosio el obispo de Milán alrededor del 380 dC, enseñaba que así como los pecados de una persona eran lavados por el bautismo, el lavamiento de los pies quitaba el pecado hereditario de Adán. La iglesia católica romana (con el orden litúrgico de la iglesia) ha preservado el lavamiento de pies con algunos significados modificados cuando lo celebran los lunes y los jueves.
Aunque los protestantes rechazan el razonamiento sacramental el lavamiento de pies ha continuado entre grupos pietistas alemanes y las denominaciones anabaptistas como la Iglesia de los Hermanos y algunos adventistas, La santidad, y las iglesias pentecostales. Estas toman su postura en las palabras del Señor “yo les he dado ejemplo, para que hagan conforme yo he hecho con ustedes” el lavamiento de pies es para ellos tanto una obediencia como una lección de humildad.
Lo misterioso  no es que muchos cristianos continúen esta práctica, sino que nunca ha sido tan prominente en la iglesia como lo ha sido la comunión. El lavamiento de pies es mandado por el Señor, quizás, con más autoridad que la comunión. En los terrenos de la lógica y la claridad el caso es aparentemente irrefutable. ¿Por qué entonces la mayoría de los cristianos observan el mandamiento del partimiento del pan y la copa en la cena, y el del lavamiento de los pies como una ordenanza que no hay que cumplir?

El trasfondo cultural.
Primero, hay un único establecimiento cultural para la ceremonia del lavamiento de los pies, nuestros pies no se ensucian ni se manchan en las condiciones de los modernos caminos y carreteras. Lo mismo no sucede para la Eucaristía, ya que tomar el pan y el vino, o el comer o el beber son aspectos universales a cualquier cultura. Para algunos el pan y la copa son elementos apodados, ya que son elementales para toda la vida.
Segundo, muchos creen que lo que Jesús intentaba en realidad decir con “ejemplo” significa para los discípulos más tarde algo más que lavado en agua en los servicios de la iglesia. Jesús estaba simbolizando dramáticamente el Espíritu que dirigía tal acto, lo cual era una disposición a servir a aquellos que necesitan asistencia. Ellos podrían comparar el mandamiento de Jesús en el lavamiento de los pies los unos a los otros con las palabras de Pablo acerca de mostrar bondad hacia los demás con alegría (Ro. 12:8) y desarrollar labores de humildad para el seguimiento cristiano (1 Ti. 5:10).
Podemos desechar del Nuevo Testamento varias prácticas misteriosas, muchas llevan un elemento de prescripción, el texto del Nuevo Testamento indica que ciertas prácticas podían o tenían que ser hechas. Y en cada una de ellas hay cuestiones vitales en juego.
Al mismo tiempo, para cada práctica hay un contexto cultural que necesita ser respetado, las directivas eran particularmente necesarias e inteligibles en esa era cuando la iglesia comenzó.
Hoy, las iglesias debatirán como y cuando tales prácticas deben ser observadas, algunos cristianos seguirán la forma de las prácticas primitivas, otros buscarán en cada una de ellas el principio universal. En cada acercamiento los principios se mantienen y son tan válidos y obligatorios como siempre han sido.

Lavando el alma mientras lavamos los pies.
El bautismo hoy muchas veces significa, rociar agua sobre la cabeza. En un tiempo, para algunos cristianos esto significó el lavamiento de pies.
Muchos cristianos primitivos practicaron en bautismo por inmersión, pero una minoría tomó su significado de Juan 13:10, ellos creyeron que el bautismo a través del lavado de los pies producía la necesidad de lavar la cabeza y las manos. Esta idea comenzó en Siria y se expandió al oeste para finales de los años 100 dC, Ireneo, el obispo de Lyon, conjeturó     que Jesús durante su descenso al infierno purificó los muertos a través del bautismo y del lavamiento de los pies. Nadie estaba de acuerdo en el valor sacramental del lavamiento de los pies para los años 300 dC, el rito era muy controversial un importante concilio de la iglesia lo sacó de la ley. Para finales del siglo IV, aunque Ambrosio el obispo de Milán defendía el significado bautismal del lavamiento de pies. En el periodo medieval temprano el lavamiento de los pies fue visto como un ejemplo supremo de humildad. Y el rito fue movido a los lunes y los jueves, la noche que se conmemoraba la última cena.

Hoy, varios grupos protestantes sostienen el lavamiento de los pies en alta estima. Los adventistas del séptimo día a diferencia de Ambrosio creen que el bautismo representa la justificación hecha una vez y por todas, y el lavamiento de los pies la santificación que va en aumento cada día, algunos aun ven la ordenanza como un bautismo en miniatura.

Wednesday, July 9, 2014

Repitiendo lo irrepetible.








¿Cómo es que hemos llegado desde la última cena de Jesús a la santa comunión?

En la última cena Jesús dijo a sus discípulos “haced esto en memoria de mí”, pero después que Jesús les dejó la iglesia cristiana reconoció que la cena que Jesús compartió con sus discípulos había sido en efecto su última cena y por lo tanto era única. La adivinanza era: ¿Cómo seguimos haciendo un evento irrepetible? Por ejemplo, si, como parecía, la cena era una comida pascual, la iglesia cristiana se preguntaba si esta debía ser realizada una vez al año como lo era la Pascua. ¿Iban a obedecer su mandamiento literal una vez al año como la tradición judía? Pero eso daría la tendencia a mantenerse efectivamente dentro del judaísmo. Esta solución habría eclipsado la unicidad de Jesús y hubiera barrido la realidad de una nueva era prometida por Jesús.
Por otro lado, si ellos iban a celebrar la cena más de una vez al año. ¿Cómo sería llevada a cabo fuera de un formato pascual?
La iglesia cristiana se dio cuenta rápidamente que tenían que ser litúrgicamente creativos, incluso atrevidos, si se querían mantener haciendo un evento irrepetible.

De sábado a domingo.
La iglesia primitiva decidió adoptar el formato de una comida no pascual, que pudiera ser observada cualquier momento y tantas veces como fuera necesaria para el bien de la creciente iglesia. Tal formato estaba a la vuelta de la esquina: en la comida semanal de los judíos que hacían cada viernes en la víspea del sábado, la comida cristiana, aunque no enfatizando el sábado sino el domingo, con el tema central en la resurrección de Cristo y el comienzo de una nueva era mesiánica, donde el Mesías había sido consumador tanto de la Pascua como del sábado.
Así, la estructura de la comida semanal fue tomada del judaísmo, pero el contenido fue cristianizado y la comida movida al domingo, esto dio como resultado la primera “regla litúrgica” para los cristianos: “La Cena del Señor el Día del Señor”. Con este paso la última cena de Jesús modulaba dentro de la eucaristía de la iglesia. Esta fue la primera manera en que el nuevo vino era derramado dentro de un odre viejo, como los primeros cristianos se esforzaron en obedecer el mandamiento del Señor

De bendición a acción de gracias.
En adición, la oración judía sobre el pan y la copa fueron reelaboradas, la palabra cambió de bendición a Dios por la comida y la creación a acción de gracias por la revelación en Jesús el Hijo de Dios.
Este cambio verbal comienza en el Nuevo Testamento. En Mateo 26 y Marcos 14 Jesús es mostrado bendiciendo el pan, en Lucas 22 y 1 Corintios 11, Jesús da gracias, el cambio se hace completo para el tiempo de la Didaché, especialmente cuando comparamos las fórmulas de sus oraciones con las de la comida pascual judía.
Por ejemplo, en la comida pascual judía la primera de las tres cortas oraciones dichas sobre la copa de vino mezclada con agua en la conclusión de la comida decía: “Bendito seas tu nuestro Dios, Rey del universo porque alimentas a tu pueblo y al resto del mundo con bondad, gracia amabilidad y misericorida. Bendito seas tu, Señor, porque alimentas al universo”.
La oración correspondiente en la Didaché dice así: “Te damos gracias Santo Padre, por tu Santo Nombre el cual has consagrado en nuestros corazones, y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad la cual nos has dado a conocer a través de Jesús tu Hijo, Gloria tu nombre por siempre”.
En efecto, en la Didaché toda la comida cristiana es vista como una acción de gracias, aunque el formato judío se mantiene, el contenido y el vocabulario son nuevos.
Como un estudioso del judaísmo notó: “el protocolo de las oraciones judías tendían a bendecir a Dios por la creación, agradecer a Dios por la revelación y pedir a Dios por la redención”  así cuando los cristianos emplearon el lenguaje de acción de gracias en las oraciones de sus comidas, estaban marcando a Jesús como la revelación de Dios.
El ejemplo primitivo de creatividad litúrgica iba a ser manteido fielmente y seguido por todas las iglesias cristianas por los siguientes quince siglos y se mantiene siendo observado por las iglesias catolico-romana y las igleisias ortodoxas. En décadas recientes el énfasis en dar gracias ha sido recobrado en las oraciones de las comuniones en varias iglesias de la reforma.

La disminución de la comida.
Está claro en el Nuevo Testamento que la úlima cena no contenía solamente comida, sino que era una comida. Era una costumbre especial de Jesús de impartir, especialmente a aquellos mas cercanos a El, el evangelio mientras comía con ellos. Incluso después de su resurrección se aparece a dos de sus desalentados discípulos en el camino a Emaús y tienen una cena juntos cuando llegan a Emaús (Lc. 2413-35). Y a otros a la orilla del mar de Tiberias para un desayuno (Jn. 21:1-29).
La antiguedad de la Didaché es evidente en que simplemente presupone una comida. Durante la comida una acción de gracias (eucaristía) era llevada a cabo después que el padre de familia judía hacía lo establecido. Antes de la comida oraciones de acciones de gracias eran dadas sobre la copa de vino y el pan. Después de la comida las tres oraciones de acción de gracias eran dichas sobre una copa final con agua mezclada con vino (esta es la copa de bendicón mencionada por Pablo, usando el mismo nombre judío para esta).
Pero ya en 1 Corintios 11 Pablo reprende a los cristianos en Corinto por haberse vuelto glotones y borrachos en la Cena del Señor. Es posible que la comida se hiciera separada de las oraciones debido a que este comportamiento inedificable estaba ocurriendo.
Cuando la comida fue separada de las oraciones sobre el partimiento del pan y sobre la copa de vino mezclada con agua, estas dos oraciones fueron puestas espalda con espalda del orden de su sentido original: primero el pan, después la copa. La desventaja inmediata es que la observancia se volvió tan débil para ser despreciable, las oraciones de la Didaché pueden ser dichas de manera despacio en solo treinta segundos.
Esta pudo ser, tal vez, la razón central para el expandimiento de las oraciones breves a una más larga y retórica oración. Esta oración eventualmente incluyó no solo un recordatorio de las oraciones de la última cena  en la Didaché sino de toda la historia de la salvación, comenzando en Génesis, hasta la vida de Cristo y el presente. Claramente vemos este desarrollo en las oraciones de la primera mitad del siglo III en Siria, Egipto e Italia. Para finales del siglo IV la oración unificada había crecido en varias páginas como se puede ver en la Constitución Apostólica de Siria.

¿Qué pasó con la comida?
La porción de comida de la eucaristía de la iglesia primitiva, no desapareció, sino que migró a otra parte en la vida de la comunidad cristiana. La tradición apostólica de Hipólito (c. 220 dC), por ejemplo, describe una comida formal,  creada por algunos en la comunidad y supervisada por el obispo y otros miembros del clero. La comida era llevada a cabo para proveer instrucción religiiosa y caridad así se ayudaba a la alimentación de los pobres.
Hipólito fue cuidadoso, sin embargo, en distinguir esta comida la cual el llama “La Cena del Señor” de la eucaristía la cual el llama “La Ofrenda” los catecúmenes que no eran bautizados podían paricipar de esta comida siempre y cuando estuvieran sentados a la mesa con los bautizados, pero no podían particiapr de la Ofrenda.
Las conversaciones llevadas a cabo en la mesa debían ser de temas religiosos y dirigidas por el obispo, el presidente, el maestro de la iglesia, o en la ausencia del obispo por un presbítero o un diácono. Nadie que no fuera del clero podía dar a los bautizados el pan porque solo el clero podía invocar tales bendiciones.
La cena, la cual autores posteriores la llaman ágape o fiesta de amor (aunque Hipólito nunca usó esos términos para referise a ella) era estíctamente disciplinada para evitar escándalos. Hipólito, al igual que Pablo advirtieron en contra de los excesos en la cena: “pero cuando tu comas y bebas, hazlo en un buen orden y no con borracheras y así nadie se burlará de ti y aquel que te invitó no se avergonzará de tu desorden”.
Eventualmente, esta comida parecía haber quedado en el olvido, al menos como una actividad oficial de la vida común de la iglesia. Por una razón los ágapes y las comidas eran tenidas en los cementerios para honrar a los muertos, algunas veces se volvieron rituales e incluso hasta peligrosas, especialmente después que caía la noche. Para otros, la iglesia encontró otros medios para dar ayuda a los pobres e instrucción religiosa.
A medida que las iglesias crecían y se establecían en sus rutinas las oficinas a tiempo completo desarrollaron formas más profesionales de lidiar con estas necesidades. En la iglesia urbana de Roma, por ejemplo, se desarrolló un sistema de centros de distribución de caridad conocido como diaconías fue establecido en vecindades pobres entre los muelles y los almacenes a lo largo del río Tiber. En adición a esto, las academias para la instrucción reigliosa fueron iniciadas en Egipto para finales del siglo II, a medida que el número de convertidos creció, debido a la necesidad de más adecuada preparación para el bautismo. Estas instituciones gradualmente desplazaron la cena del Señor como la preeminente estructura para la privisión de caridad e instrucción religiosa.

La necesidad de seguimiento.
Pero la necesidad seria para el seguimiento cristiano que la cena o la fiesta ágape proporcionaba no se esfumó. En efecto, a medida que las iglesias crecieron hacia las comunidades urbanas, el íntimo seguimiento de las comunidades pequeñas parecía estar en peligro.
Esta fue una razón por la que muchos cristianos se retirarona grupos pequeños donde las personas pudieran tener seguimiento en el diario vivir de una forma más fácil. De hecho, el período de mayor crecimiento y urbanización en la iglesia primitiva es el tiempo cuando las grandes reglas monásticas fueron compuestas en el siglo III hasta el siglo VI.
En la regla de Benedicto, por ejemplo, la mesa común era un medio menos de nutrición que se trataba de la cena del Señor. Los monjes rompían su ayuno alrededor del medio día para recibir la Santa Comunión de parte de sus padres espirituales, los abates, y luego iban directo a la mesa común. La comunión y la comida formaban una sola unidad.

Hoy la comida de la eucarstía continúa desbordándose sobre su forma histórica para impregnarse en las vidas de los cristianos, haciendo esto cada vez que nos acercamos a una mesa en fe, y el ágape o la fiesta de amor del seguimiento supernatural con Dios en Cristo está presente donde hayan dos o tres congregados en su Nombre.    

Tuesday, July 8, 2014

¿Dónde adoraban los cristianos?









Trazando el movimiento desde las simples casas a los espléndidos edificios públicos.

El prefecto romano entrevistó a Justino Mártir y a sus asociados: ¿Qué clase de vida es la que llevas? ¿Cuáles son tus doctrinas? ¿Admites que eres Cristiano? A cada pregunta el filósofo cristiano dio una respuesta directa, entonces el prefecto Rústico preguntó: ¿Dónde se reúnen? “donde quiera que uno prefiera o tenga la oportunidad” dijo Justino, “En cualquier caso ¿Tu supones que todos nos podemos reunir en el mismo lugar?
Rústico lo presionó buscando la información que pudiera comprometer a otros: Dime ¿Dónde se reúnen, en que lugar?
Justino dijo: he estado viviendo encima de los baños de (el texto aqui se corrompió) por todo el período de mi estancia en Roma… y no he sabido de otro lugar de reunión que no sea aquí, cualquiera que desee puede venir a donde vivo y yo le daré  las palabras de verdad
Al cierre de esta interrogación Rústico pasó sentencia a Justino y sus acompañantes, obteniendo asi Justino su apelación: Mártir.
El procedimiento del juicio de Justino justo antes de 168 dC, revela algunas cosas acerca de los lugares de adoración y enseñanza de la iglesia cristiana primitiva.

Atrios y comedores.
En la Roma de los días de Justino las reuniones cristianas eran tenidas a escondidas en residencias privadas y del mismo modo fue así, siglos antes durante el ministerio de Pablo. Esto es remarcado a la luz de la descripción de Justino en cuanto a la adoración cristiana que incluía el bautismo, las oraciones comunes, la predicación, y la comunión. Aunque el bautismo jugaba un papel fundamental en la comunidad cristiana los bautisterios eran todavía algo que no se había desarrollado. El único comentario que hace Justino es que los candidatos eran llevados a donde había agua.
La defensa de Justino frente a Rústico sugiere, además, que aunque los cristianos en Roma se habían vuelto bastante numerosos, no abandonaron las reuniones en los hogares, incluso si eso quería decir que la comunidad cristiana no se podía reunir en un lugar. Así el patrón de las Iglesias en casas que fue articulado en el Nuevo Testamento continuó por las primeras generaciones de la expansión de la igleisa en el mundo romano.
Los Hechos de los Apóstoles retrata que la primera comunidad Cristiana de Jersualén se reunía en los atrios del templo y partían el pan en las casas. A medida que el mensaje Cristiano se fue expandiendo por las ciudades del este del Mediterráneo, los primeros creyentes comunmente se reunían en los hogare de los miembros de la comunidad que eran más prominentes, Gayo, Tito, Justo y Estefáno en Corinto, Febe en Cencrea, Priscila y Aquila en Efeso, Ninfa en Laodicea.
Aunque las casas eran de varios estilos y tamaños todas tenían un atrio o un comedor grande que podría acomodar las necesidades de las pequeñas comunidades cristianas. El relato de Eutico que bien tarde en la noche se cayó de la ventana, sugiere que en Troas se reunían en el comedor del tercer piso de las casas estilo griego.
Las circunstancias locales muchas veces determinaban algunos arreglos. Mientras en Efeso, Pablo predicó cada día en el salon de conferencias de Tirano el prefecto romano por dos años, y algunos escritos apócrifos relatan que había un almacén para granos que funcionaba de la misma manera cuando Pablo fue a Roma.
No obstante, las Iglesias en casas parecen haber sido el principal asentamiento para la adoración cristiana, al menos a través del tiempo de Justino Mártir.

La frontera de los edificios.
Menos de un silgo después de Justino Mártir, desarrollos importantes habían alterado las configuraciones de las adoraciones cristianas. El más chocante ejemplo de estos cambios puede haberse visto al borde del mundo romano en la guarnición del pueblo de Dura-Europos en los bancos del Eufrates
Dura-Europos era un bullicioiso pueblo fronterizo, un puente  de comunicación entre dos grandes fuerzas imperiales , el romano y el reviviente imperio persa de los sasánidas. La posesión de Dura había cambiado de manos varias veces a través del segundo y tercer siglo
A comienzos de los 250 dC, los sasánidas capturaron Dura, pero los habitantes de la ciudad rápidamente se rebelaron contra los señores persas. Los sasánidas regresaron y sitiaron la ciudad en 256 dC, durante el sitio los habitantes cosmopolitan de la ciudad indudablemente buscaron dirección divina en los templos de sus varios dioses, las oraciones se elevaron en los santuarios de los baales sirios, los dioses del sol del desierto y las deidades salvadoras persas, así como en los panteones de los dioses griegos y todo fue en vano. Dura-Europos fue saqueada, los habitantes escaparon y la ciudad fue dejada a las envolventes arenas del desierto.
Poco antes de la caída de Dura-Europos los habitantes desesperadamente intentaron frustrar el sitio de los persas con montículos llenos de tierra contra la muralla occidental. Al hacer esto, las casas enclavadas en esta pared fueron enterradas y así preservadas para los arqueólogos que las descubrieron en 1920-1930
Tres de estas residencies privadas habian sido renovadas para uso de edificios religiosos. Una había sido transformada en un mitreo para los devotos de los misterios de las mitras. Otra residencia había sufrido drásticas modificaciones estructurales incluyendo la destrucción de varias paredes interiores para convertirse en una sinagoga para la población judía de Dura. Más abajo en la misma calle otra casa privada había sido alterada para ser una iglesia cristiana.
Esta iglesia en Dura-Europos sin duda es la más singnificante en la historia arquitectónica de la iglesia cristiana antes de Constantino, este es el más antiguo templo completo existente y que contiene mucho de la igleisa fuera de las catacumbas.
La residencia privada fue modificada removiendo una pared interior en el área del comedor, lo que creaba una habitación más grande para los servicios cristianos, un pequeño estrado en el extremo oriente del pasillo probablemente servía como el centro de adoración. Bancos fueron instalados alrededor de las paredes del patio interior, quizás para marcar los lugares de instrucción. Dentro de otra habitación fue eregida una pila baustismal con dosel , flanquada con pinturas de Adan y Eva y el Buen Pastor, quizás significando la caída y la redención. El bautismo era posiblemente llevado a cabo por derramamiento de agua o aspersión ya que el bautisterio era muy pequeño para la inmersión.

Crecimiento estable.
La iglesia de Dura-Europos ocupa un punto medio en la evolución de las tempranas Iglesias en casas a los monumentales edificios de la época de Constantino. Aunque comenzó con una casa privada después de la renovación de la misma, cesaron todos los usos domésticos y el edificio vino a ser propiedad de la iglesia. Las inscripciones en su interior “RECORDAR AL CRISTO DE LOS HUMILDES DE SISEOS” y “RECORDAD AL CRISTO DE PROCLO EN MEDIO DE TI” probablemente se refería a los donantes de la casa.
Es posible observer el mismo proceso ocurriendo en el resto del mundo romano, en diversas regiones como Croacia, Túnez y Gran Bretaña. El llamado tituli para las iglesias en la ciudad de Roma comunmente llegó a ser el nombre de los donantes que daban sus casas a la iglesia. Varios de estos tales como Titulis Equitii, Titulis Byzantis, y Titulis Clementis muestran muchos de los mismos signos de las adaptaciones arquitectónicas de Dura. Estas antiguas Titulis Iglesias eventualmente se convirtieron en las primeras parroquias del imperio romano.
¿Por qué estas casas privadas fueron transformadas en estructuras formales para Iglesias?
Primero, la iglesia estaba teniendo un crecimiento estable, los comedores privados no podían acomodar las crecientes comunidades cristianas y los cristianos de la alta clase y la alta sociedad estaban ansiosos en donar propiedades para el uso de las cosas de Dios.
Segundo, los desarrollos en la liturgia requerían nuevas estructuras. De especial importancia era la separación gradual de las fiestas ágapes de la Eucaristía, para la mitad del segundo siglo esta separación era completa y así el comedor privado fue transformado en un salón para reuniones.
Aunque el proceso fue relativamente lento, la creencia de la iglesia primitiva en el inminente regreso de Cristo disuadía la construcción de iglesias, como también las amenazas de persecución.
Celebraciones en los cementerios.
A lo largo de este período, de todas maneras, las propiedades seguían siendo añadidas a la iglesia, incluyendo parcelas y tierras fuera de las murallas de las ciudades, tierras que podrían haber sido usadas como cementerios cristianos. Los más famosos fueron los cementerios subterráneos a las afueras de  Roma conocidos como las catacumbas.
Durante los primeros varios siglos de la existencia de la iglesia, sin embargo, los cristianos adoraron en los cementerios locales. Muchas veces las fiestas conmemorativas fueorn llevadas a cabo entre las tumbas debido al amplio deseo de adorar “en compañía de los mártires”. Algunos pensaban que el cementerio era el lugar donde los muertos descansaban hasta la segunda venida de Cristo ya que cementerio del griego es koimeteria o lugar de descanso. Otros creían que los muertos aunque compartían triunfamtemente en el reino de Cristo, estaban también sacramentalmente presentes en sus restos.
Los cristianos adoraban también en cementerios locales debido a la práctica de mantenerse alejados de la vista del imperio y las autoridades locales dentro de las ciudades. En muchos lugares, incluso los servicios de adoración llegaron a hacerse por notificaciones oficiales. Encontramos el prefecto imperial de Alejandría (c. 258 dC) procamando: “No te será permitido bajo ninguna circunstancia ni a ti ni a nadie mantener reuniones o incluso entrar a los llamados cementerios”.

Espaciosos salones de oración.
Cuando el emperador Valeriano cesó su persecución contra los cristianos, en el 260 dC, su hijo Galiano ordenó que todos los edificios y las propiedades de las Iglesias fueran devueltas a los cristianos. Esta restauración marcó el comienzo de la última fase mayor previa a Constantino, en la evolución de los edificios de las iglesias.
A diferencia de las iglesias en casas, que parecían externamente casas de habitaciones privadas, las Iglesias eregidas durante este período fueron grandes estructuras. Fueron diseñadas para acomodar las multitudes de nuevos creyentes que iban llenando las filas de la iglesia. En muchos casos las comunidades cristianas adquirieron propiedades adyacentes a las casas renovadas, las cuales fueron derribadas o modificadas para construir nuevos y espaciosos salones de oración.
En adición, debido a la gran devoción a los mártires, grandes Iglesias fueron eregidas en las vecindades de los sagrados cementerios. Estas nuevas estructuras, muchas veces ubicasas en lugares rurales, fueron eventualmente transformados en terrenos urbanos del tardío imperio romano. El historiador de la iglesia primitiva Eusebio describió el programa de expansión de los edificios de la iglesia en estos términos: “!Cómo alguien puede describer esas vastas asambleas y las multitudes que se unen juntas en cada ciudad y las famosas reuniones en las casas de oración, los cuales no satisfechos con los edificios antiguos han construído desde sus cimientos grandes edificios en cada una de las ciudades!”.

A pesar de algunas hipérboles, Eusebio deja claro que la cristiandad había comenzado un crecimiento visible en el impero romano. No todos estaban contentos con este desarrollo. Los edificios de las Iglesias atrayeron la ira de Diocleciano y sus colegas durante la última y más grande persecución de la era Cristiana (303 dC-311 dC). Se dejó a la advocación de Cosntantino (312 dC-337 dC) el reconstruir estas Iglesias y de una manera aún más esplendorosa.

Search This Blog