Friday, October 10, 2014

Momentos Definitivos










Porciones claves de las más importantes declaraciones teológicas de la historia de la iglesia.


[Adaptado de “credos, concilios y controversias: documentos ilustrativos de la historia de la iglesia, 337-461 dC”, editado por J. Stevenson y Peter L. Huillier, “La iglesia de los antiguos concilios: Una obra disciplinaria de los cuatro primeros concilios ecuménicos”]



La definición de fe de Calcedonia (451) estableció los límites en los cuales los cristianos iban a creer y pensar con relación a la persona de Cristo. Aunque pocas iglesias estuvieron en desacuerdo, la vasta mayoría de la cristiandad se había sometido a esta “definición”. Aquí, la sección más relevante en bloques de pensamiento.
Algunos, tomando a la mano el apartar la predicación de la verdad por sus herejías, han expresado vanas palabrerías, atreviéndose a pervertir el misterio de la dispensación…
El sínodo se opone a aquellos que pretenden destrozar el misterio de la encarnación en una doble filiación del Hijo.
Esto depone del sacerdocio a aquellos que se atreven a decir que la Divinidad del Hijo engendrado es transitable.
Esto resiste a aquellos que imaginan una mezcla o confusión de las dos naturalezas de Cristo.
Esto ahuyenta a aquellos que erróneamente enseñan que la forma de siervo que Él tomó de nosotros fue celestial o de otra sustancia.
Esto anatemiza a aquellos que fingen que el Señor tenía dos naturalezas antes de la unión pero que estas estaban fusionadas en una antes de la unión.
Por lo tanto, siguiendo a los santos padres, todos nosotros enseñamos unánimemente que cada uno debe confesar que nuestro Señor Jesucristo es un hombre singular y al mismo tiempo Hijo, quien es perfecto de acuerdo a la divinidad y perfecto de acuerdo a la humanidad.
Totalmente Dios y totalmente hombre, compuesto de un alma y cuerpo racional, de la misma sustancia que el Padre según su divinidad y de la misma sustancia que nosotros según su humanidad, completamente como nosotros, excepto por el pecado.
Él fue engendrado por el Padre antes de todos los tiempos según su divinidad, y en estos postreros días, nació para nosotros y por nuestra salvación de la Virgen María, la madre de Dios de acuerdo a su humanidad.
Un solo Cristo, Hijo, Señor, solo engendrado, conocido en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación.
La diferencia en naturalezas en ninguna manera es suprimida por su unión, sin embargo, las propiedades de cada una de las naturalezas son retenidas en una sola personalidad y en una única hipóstasis (sustancia).
No es si separado ni dividido en dos personas, sino es un único y al mismo tiempo solo engendrado Hijo, Dios, El Verbo, El Señor Jesucristo.
Así como fue anunciado anteriormente por los profetas, así mismo, el Señor Jesucristo, nos enseñó acerca de El mismo, y así nos lo han transmitido los padres a nosotros.

Thursday, October 9, 2014

Fino ajuste de la encarnación.








 
“Muchos errores fueron cometidos antes de que la iglesia descifrara la mejor forma de describir a Jesucristo”.

Poco después de la mitad del siglo II, Plinio el Joven, gobernador de Bitinia en Asia Menor consultó al emperador Trajano acerca del rápido esparcimiento de la “superstición” cristiana en su distrito, preguntándole que podía hacer con relación a esto. Luego de haber interrogado a varias personas, Plinio aprendió que “en un día específico” los cristianos se reunían antes del amanecer habitualmente y recitaban “un himno a Cristo, tanto como a Dios”.
Estos himnos, los cuales se remontaban a los días de la iglesia primitiva, agudamente contradicen la noción popular de que la doctrina de la encarnación es solo una creación de los teólogos del siglo IV, quienes hacían irrelevantes juegos de palabras. Mucho antes de que los emperadores cristianos convocaran sus reuniones solemnes, miles de servicios cristianos de adoración cantaban las alabanzas al Niño Santo de Belén.
Esta es una razón por la que el partido ortodoxo eventualmente triunfó en la controversia arriana: Atanasio simplemente discutió teológicamente lo que la iglesia había estado cantando por dos siglos. Pero si la controversia arriana estableció el hecho de la total divinidad y humanidad de Cristo, esta no estableció el hecho exactamente de como el Cristo divino se hizo humano. Este hecho fue dejado para teólogos posteriores.

Cristo sin un alma humana.
Con la conversión al cristianismo del emperador Constantino en 312 dC. La iglesia marcó una nueva fase en su triunfante expansión. Casi de la noche a la mañana se puso de moda el creer. Como resultado las iglesias se poblaron, como dijo el profesor Alan Richardson “con la mitad de los convertidos, la sociedad ambiciosa y sin instrucción” la mentalidad griega de Dios como un ser totalmente trascendente reapareció con nuevo vigor entre los cristianos profesantes, con resultados mezclados.
Durante el siglo IV, dos escuelas de teología ofrecieron interpretaciones bíblicas contrastantes de pasajes bíblicos que hablaban de la encarnación. Una de estas fue la escuela de Alejandría y la otra la de Antioquía. Los alejandrinos enfatizaron fuertemente la naturaleza divina; los antioqueños, la humana. Una comenzó en el cielo y se movió a la tierra; la otra comenzó en la tierra y miró hacia el cielo.
La primera explicación sofisticada de la encarnación vino del lado alejandrino en el debate, de uno llamado Apolinar (c. 310-392) un pastor anciano de Laodicea quien admiraba grandemente a Atanasio, líder además de la escuela alejandrina. Podemos estar inclinados a pensar que todo lo herético es escuro, que siniestras figuras doblaron y torcieron la verdad cristiana, pero el error de Apolinar que lo llevó a una herejía no ocurrió hasta que este tenía alrededor de sesenta años. Hasta entonces Apolinar disfrutaba de una reputación digna de un pilar de la ortodoxia. Las iglesias a lo largo del imperio experimentaron el duro golpe cuando por primera vez oyeron que el venerable obispo había caído en un error.
Haciendo eco de Atanasio, Apolinar comenzó su causa por la encarnación con la total divinidad de Cristo: solo Dios pudo salvar al mundo, y, si Cristo es Salvador, debe ser divino. Pero la pregunta es ¿Cómo?
El viejo maestro hacía énfasis sobre la idea de un acercamiento a la pregunta desde un punto de vista psicológico. Apolinar sentía que la naturaleza humana adoptó el cuerpo y el alma. Pero en la encarnación, el Verbo divino desplazó el alma animada y racional en un cuerpo humano, creando una “unidad de naturaleza” entre el Verbo y el cuerpo. La humanidad, creía Apolinar, era la esfera, no el instrumento de salvación, meramente el lugar donde la salvación ocurría, y no un medio de salvación. Cristo, por lo tanto, tenía solo una naturaleza: Apolinar habló de “una naturaleza encarnada en el verbo divino”. La tensión alejandrina en la deidad de Cristo permanecía, pero la única cosa humana acerca de Cristo era su cuerpo físico.
Apolinar, definido como lo era su herejía, merece nuestra alabanza por tener el esfuerzo primario en forzar a la iglesia a pensar más profundo con relación a Cristo. Su falta descansa en la inhabilidad de presionar más hacia el corazón de la verdad. El amplio respeto que Apolinar se había sabido ganar con el paso de los años explica la razón por la que nunca fue exiliado, aun, como un hereje, le fue prohibido adorar en la iglesia católica. Murió en sus ochenta, permaneció siendo un estudioso y un escritor hasta el final de su vida.
Las objeciones al Apolinarismo crecieron rápidamente. ¿No mostraban los evangelios un cuadro de Jesús como un ser humano normal psicológicamente, mostrando a Cristo con una mente humana y con emociones humanas? Y si el Verbo desplazó el alma humana racional, con sus poderes de escoger el pecar, ¿Cómo podría Cristo ser totalmente humano, y por lo tanto, como los seres humanos serian totalmente redimidos? Si el Verbo no se unió a una total humanidad consigo mismo, entonces, ¿Cómo podemos esperar ser salvos?
En esta atmosfera, el concilio de Constantinopla (381) efectivamente silenció las enseñanzas de Apolinar. Simplemente no estaban adecuadas a la descripción de la encarnación.

¿Madre de Dios?
La segunda herejía estaba asociada con el nombre Nestorio, un famoso predicador en Antioquía, quien en el 428 fue convocado a arzobispo de Constantinopla. En la sombra del palacio imperial, Nestorio, probó ser un devoto, de buenas intenciones pero estridente, y un predicador sin tacto. En las calles, su temperamento perseguidor le hizo ganarse el apodo “tea encendida”. Poco después de asumir sus deberes en la capital, lanzó un ataque en un sermón contra el término popular Theotokos o “Madre de Cristo”. Pero debido a su descuidad retórica dio a entender que él creía que Cristo no solo tenía dos naturalezas sino también dos voluntades, que habían dos Cristos, queriendo decir, uno divino y uno humano existiendo en el mismo cuerpo. Esto parecía negar el retrato de los evangelios que enseñaba a Jesús como una integridad individual, la controversia se expandió por el aire; cargos fueron pronunciados desde los púlpitos. Cirilo, obispo de Alejandría, llamó a Nestorio a que se retractara.
Para resolver el escándalo, el emperador adoptó la tradición de citar a un concilio general. Este fue llevado a cabo en Éfeso en el verano de 431. Nestorio se negó a asistir, pero el emperador, quien una vez había apoyado a Nestorio accedió a las demandas de Cirilo de deponer a “tea encendida”. Repudiado, Nestorio se vio a si mismo exiliado de su anterior monasterio en Antioquía, aun cuando el nuevo obispo asumió su púlpito en Constantinopla. Los seguidores de Nestorio fueron expulsados de la iglesia y pronto establecieron las Iglesias Sirias Nestóreas en el medio y lejano oriente, algunas de las cuales han sobrevivido hasta hoy.
Nestorio vivió hasta finales de 451, lo suficiente para dar la bienvenida a la epístola doctrinal del papa Leo y a la definición de ortodoxia anunciada en el concilio de Calcedonia. Recibió las conclusiones del concilio como si fueran suyas. “He sobrevivido al tormento de mi vida ", dijo antes de morir en las fronteras del imperio. “Cada día suplico a Dios que cumpla mi disolución, cuyos ojos han visto la salvación de Dios”.
Agudas palabras de un difamado hombre. Pero la controversia Nestoriana sirvió con un propósito más elevado. Los miembros más extremos de la escuela de Antioquía hicieron clara la necesidad de hablar acerca de Cristo, su deidad y humanidad en términos más convincentes, especialmente términos que describan la unión de ambas naturalezas en una sola persona.

Latrocinio.
Poco después del concilio de Éfeso, una tercera desgracia llamada Eutiquianismo se expandió en una controversia a lo largo del este. De un monasterio cerca de Constantinopla, un anciano monje indocto llamado Eutico (c. 378-454) comenzó a defender la deidad de Cristo con una enseñanza algunas veces llamada Monofisismo (del griego, una naturaleza). Eutico enseñó que la humanidad de Cristo fue absorbida en su deidad, así como una gota de miel que cae en el mar se disuelve en este. Esto fue virtualmente un resurgir del Apolinarismo, y antes de esto, Docetismo (la enseñanza de que Cristo solo parecía ser un hombre)
El patriarca Flaviano de Constantinopla pronunció al monje de hereje. En Alejandría, de todos modos, Dióscoro el patriarca de la ciudad, estaba ansioso de hacer valer su poder en Constantinopla. Con su pedido el emperador otra vez convocó un “concilio imperial”. Este en Éfeso en 449 permitió a Dióscoro rehabilitar a Eutico, pero el resto de la iglesia vio esto con ojos políticos. El papa Leo lo llamó como latrocinio y se unió al emperador Flaviano en convocar al emperador para un nuevo concilio.  Tal fue el sombrío trasfondo del histórico concilio de Calcedonia, un pueblo no muy lejos de Constantinopla.
En el 451 cerca de cuatrocientos obispos rápidamente acusaron a Dióscoro por sus acciones en el latrocinio y luego abogaron por la definición que había sido dada para referirse a la ortodoxia. Calcedonia admirablemente afirmaba que Cristo no es Dios.
Una vez más la temprana herejía de Arrio, la asamblea afirmó que Jesús era verdaderamente Dios, y una vez más contra Apolinar que Cristo era totalmente hombre. Contra Eutico se confesó que la deidad de Jesús y la humanidad no se cambiaron en alguna otra cosa dentro de Su persona, y en contra de Nestorio que Jesús no estaba dividido, sino que era una sola persona.
Para negar la concepción griega de Dios como el desinteresado y ajeno al universo, y al mismo tiempo ser fiel a las escrituras, Calcedonia no ofreció “explicación” acerca del misterio de Jesús. Los padres del concilio sabían que Jesús no puede ser enmarcado en una clase específica. Él es absolutamente único. Calcedonia dejó en misterio intacto; la iglesia siguió adorando en comunidad.
Pero la afirmación también hizo posible decir la historia de Jesús como una buena noticia. Como Jesús era un ser humano normal, podía cumplir cada demanda de la ley de Dios, y pudo sufrir y morir una muerte real. Como Jesús era totalmente Dios, su muerte fue capaz de satisfacer la justicia divina. Dios mismo había, por su gracia, provisto el sacrificio.

Tuesday, October 7, 2014

Un martillo que golpeó la herejía (Parte 3)





Poesía del caos.
En su forma original, el credo de Nicea fue un arma: que se convertiría en un artículo más sublime de fe en tiempo, cuando la poesía, la ornamentación y un ritmo menos abrupto fueron modificándolo por el simple proceso de adición de palabras. Estas palabras, las cuales dieron profundidad y resonancia al credo, fueron agregadas en el concilio de Constantinopla en el 381 dC y finalmente aprobadas en el concilio de Calcedonia en 451 dC. Entonces la segunda cláusula se lee así:
“y en un Señor Jesucristo, el Unigénito hijo de Dios, engendrado del Padre antes de todos los mundos, Luz de Luz, Dios de Dios, engendrado, no creado, siendo de una misma sustancia con el Padre, a través de quien todas las cosas fueron hechas, quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos y fue hecho carne por el Espíritu Santo y la virgen María y fue hecho hombre, y fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, y sufrió y fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras y ascendió a los cielos y se sentó a la diestra del Padre y vendrá otra vez en gloria a juzgar el pecado y la muerte y su reino no tendrá fin”.
Y así, vino a través de un lento proceso de revisión y corrección de errores, como un poeta sustituiría una nueva palabra o una línea, revisando su ritmo y belleza y haciendo un resumen de la fe cristiana, dicho resumen, como pudo haber pasado pudo haberse  desviado de la mente de los apóstoles.
Pero de hecho esta declaración de fe vino a través de un arduo y lento proceso después de muchas amargas contiendas y muchas sutiles peleas dialécticas y en la versión aceptada por el occidente, iban a haber más cambios. Las palabras “Dios de Dios” omitidas en el credo original de la iglesia de Constantinopla, fueron restauradas, y hubo más alteraciones las cuales cuando finalizó la contienda contra el arrianismo perdieron su influencia. Nadie que lea el credo según la versión occidental el día de hoy necesita recordar que esto fue un martillo que golpeó la herejía.
Pero la herejía continuó, ninguna de las diatribas de Atanasio ni ninguna de las decisiones del concilio tuvo poder para prevenir la herejía. 
Más tarde Atanasio escribiría al emperador Joviano diciendo que Nicea fue la ocasión para una proscripción pública de todas las herejías. Por un tiempo él creyó que la palabra del Señor, la cual había sido dada en el concilio ecuménico de Nicea permanecía por siempre. Tenía buenas razones para creer que había ganado un resonante éxito.
Constantino había ganado. Arrio había sido públicamente anatemizado, según el historiador Sócrates, Constantino lanzó un escrito imperial ordenando que todos los libros de Arrio fueran quemados, para que su depravada doctrina fuera enteramente suprimida y para que así no quedara memoria de él en el mundo. El castigo por mantener cualquier libro escrito por Arrio era la muerte.
Unos cincuenta y cuatro años más tarde cuando Gregorio Nacianceno  fue convocado a Constantinopla encontró una sola pequeña congregación en la ciudad que no se había convertido al arrianismo. Al final el arrianismo estaba para morir y a la larga como resultado de las perseverantes declaraciones doctrinales de Atanasio. Pero a pesar de esto los anatemas seguían siendo una fuerza viviente en la tierra.

 Banquete de clausura.
El concilio vino a un fin el 25 de julio con un solemne banquete dirigido por el emperador. Había deliberado por un periodo de casi siete semanas, no solo acerca de la herejía arriana. Una traducción árabe del canon de las escrituras discutido en Nicea encontrado en el siglo XVI muestra que ellos discutieron en ochenta y cuatro asuntos que van desde la fecha de resurrección, hasta determinar si el clero se puede casar o no.
Ahora ya cansados los obispos se prepararon para irse de regreso a sus casas, las últimas declaraciones y pláticas habían sido hechas, solo quedaba el banquete ceremonial con el emperador sentado a la mesa en medio de todos ellos. Constantino vestido de morado, dorado, y piedras preciosas estaba de buen humor. Añadió a Atanasio, quien dio regalos a los obispos que le favorecieron, y en un punto convocó al no regenerado obispo Asecio quien poseía una singular postura con relación a la herejía novaciana quien mantenía que como solo Dios podía perdonar pecados y que cualquiera que cometía pecados después del bautismo debería ser permanentemente apartado de la santa comunión. Constantino le recordó a Asecio que la doctrina de la iglesia estaba finalmente establecida. Asecio hizo dio un largo discurso acerca de su puritana interpretación de las escrituras. Constantino soltó una carcajada “Ho, ho Asecio ahora pon una escalera y escala al cielo por tu propia cuenta”

Y algún tiempo después, Constantino convocó al obispo Pafnucio, besó el encaje vacío, presionó sus piernas y brazos, fue especialmente gentil con todos los obispos quienes habían sufrido durante la persecución. Entonces los obispos salieron todos a través de una línea de guardaespaldas que en alto cruzabas sus espadas desenvainadas. Y así el concilio había terminado.     

Wednesday, September 10, 2014

Un martillo que golpeó la herejía (parte 2)






Aunque fueron transmitidos cinco reportes separados del concilio por los testigos oculares, y hay otros ocho registros escritos por los historiadores de la generación inmediata que siguió a los de Nicea, no sabemos exactamente donde el concilio tuvo lugar, si en un edificio especial erigido para este tipo de propósito, o si fue en el palacio imperial.
La tradición apunta a un sitio en las orillas del lago, un vasto salón de mármol con columnas, y quizás abierto a la luz del sol, en el centro del salón había un trono en el cual se puso una copia de los evangelios, y a lo lejos al final había otro trono para el emperador, tallado en madera ricamente dorado y puesto por encima del nivel de unos tronos sin pintar para los obispos.
En este salón, temprano en la mañana el domingo de la ascensión, mientras la niebla flotaba en el lago, los obispos esperaban la llegada del emperador. Varios obispos habían puesto sus ojos en el emperador quien sin la ayuda de nadie había hecho del Oriente y el Occidente un solo imperio, y se había mostrado a sí mismo como un muy devoto cristiano, los obispos esperaban con expectación.
Al final escucharon una compañía de guardias armados y luego algunos altos oficiales de la corte, quienes se habían vuelto al cristianismo entrando al salón anunciando que el emperador venia en camino. Los obispos se pusieron de pie, pronto se vio un mensajero levantando una antorcha, la señal de que el emperador estaba a punto de entrar, y luego, como niños estos obispos de Siria, Cilicia, Arabia, Palestina, Egipto, Libia, Mesopotamia, Persia, Escitia y Europa quedaron todos en silencio. Su majestad humana en la persona de Constantino Víctor Augusto Máximo estaba a punto de aparecer frente a sus ojos y en la historia del mundo, solo Octavio, quien había gobernado en los tiempos de Cristo, había reinado en un imperio tan grande.
Constantino vestía botas rojas de tacón alto, una túnica morada de seda con joyas de oro bordadas y había más joyas incrustadas en su diadema. Para ese entonces tenía cincuenta y un años de edad pero lucia más joven, enormemente alto y vigoroso con un color fuerte y un extraño brillo en sus ojos fieros como de león, tenía su pelo largo, pero su barba había sido recortada, tenía su cuello grueso y duro y una curiosa manera de tocarse su nuca, la cual no parecía estar bien afirmada en sus poderosos hombros y había en todos sus movimientos uno muy poco casual que cuando Constantino caminaba daba la impresión de que estaba bailando.

Las palabras de Constantino.
Habiendo caminado lentamente a todo lo largo del salón, Constantino se sentó en silencio por un momento, sentándose entre el papa Alejandro de Alejandría y su consejero cercano el obispo Hosio de Córdova. Todos los ojos estaban fijos en él. El obispo Eusebio de Cesarea (o más conocido como Eustacio de Antioquia) leyeron un discurso de bienvenida en prosa métrica y luego cantaron un himno de acción de gracias por las victorias del emperador, luego otra vez hubo silencio hasta que Constantino se puso de pie, y hablando en latín que era el idioma oficial de la corte, es un tono de voz que parecía muy gentil y serena para un hombre de mando, les hizo recordar a los obispos que había sido el poder de Dios el que había destronado a los tiranos y que peor que cualquier campo de batalla era una guerra civil entre las facciones de la iglesia.
“Es mi deseo” dijo, “que se hayan reunido todos ustedes en un concilio general y así yo le pueda ofrecer al Rey de todo mi gratitud por su misericordia que ha llegado a mí por encima de todas las misericordias, quiero decir que me ha sido permitido el beneficio de verles juntos y saber que ustedes han resuelto estar todos en común armonía”.
Todo esto era adulación, ya que el propósito de la convocación había sido resolver un conflicto más amargo aun, y Constantino sabía bastante bien por las peticiones que había recibido de los obispos que la tirantez seguía vigente.
Constantino continuó: “cuando yo gané mis victorias sobre mis enemigos, pensé que no me quedaba otra cosa que dar gracias a Dios y regocijarme con aquellos que habían sido liberados por mí, pero cuando me di cuenta, contrario a todas mis expectaciones, que había divisiones entre ustedes, solemnemente las consideré y orando que todo esto pudiera ser sanado con mi presencia, los convoqué a todos ustedes aquí sin ninguna demora. Me regocijo de verles aquí y aun me regocijaré más de ver una unidad y afecto entre ustedes. Yo les imploro, por lo tanto, amados ministros de Dios, quitar las causas de disensión entre ustedes y establecer la paz”.
No había dudas de las amenazas detrás de las palabras y para hacer su amenaza más clara aun, el emperador convocó a uno de sus siervos y silenciosamente mostró los rollos, pergaminos y cartas que contenían las quejas y las peticiones que los obispos previamente le habían enviado al emperador. Se creó un bracero. El emperador arrojó las peticiones en las llamas. Mientras se estaban quemando, explicó que todas estas peticiones aparecerían otra vez en el día del juicio y que entonces el gran Juez de todas las cosas, pasaría juicio sobre todas ellas, porque él estaría contento en escuchar las deliberaciones públicas de los obispos y que no había leído estas amargas correspondencias que le habían sido enviadas.

Debates viciosos en canción.
La conferencia estaba ahora abierta. A la misma vez los arrianos y los anti-arrianos estaban unos en contra de los otros. Denuncias y fuertes acusaciones fluían a lo largo de todo el salón. Cada uno de repente refutaba, había un fuerte movimiento de manos, era como una batalla en la oscuridad. El historiador Sócrates dijo más tarde: “Apenas cada uno parecía saber hasta qué punto calumniaba a su adversario.”
Constantino había invitado a Arrio a estar presente y escuchaba seriamente cuando Arrio explicaba la naturaleza de sus creencias y no estaba particularmente sorprendido cuando Arrio estalló en un largo y sustancioso canto, donde había puesto sus creencias en música. Estos cantos y canciones eran cantados por las personas y Arrio pudo haber pensado que el emperador escucharía más agudamente los cantos que las discusiones en la fe.
El increado Dios ha hecho al Hijo, un comienzo a las cosas creadas, y por adopción ha sido hecho Dios Hijo. Hacia una ventaja en sí mismo aun la sustancia del Hijo es quitada de la del Padre: El Hijo no es igual al Padre ni tampoco comparten la misma sustancia. Dios es el omnisciente Padre y el Hijo es el maestro de sus misterios. Los miembros de la Santa Trinidad comparten glorias desiguales.
Los obispos antiarrianos quedaron horrorizados, cerraron sus ojos, y pusieron sus manos sobre sus oídos. Fue como si en medio de un crítico debate acerca del futuro del mundo, alguien interrumpiera con una serie de rimas sin sentido o una serie de ecuaciones matemáticas estupefactas y absurdas.
Aun los sentimientos de los arrianos estaban en sus rimas cantadas por un músico empleado por la banda de danza de Alejandría. Arrio con su blanca y demacrada cara, su fibroso cabello que le llegaba a los hombros, pudo rechazar cualquier argumento teológico simplemente cantando una de estas canciones y cuando Atanasio (como cualquier otro) respondió con un fuerte argumento, hubo consternación, porque parecía que estaban hablando en idiomas diferentes acerca de asuntos diferentes, como dos hombres de diferentes mundos o diferentes universos.

Una puñalada al compromiso.
Probablemente Atanasio estaba de pie detrás del papa Alejandro, y por lo tanto muy cerca del emperador. Sabemos que Atanasio atrajo la atención del emperador, pero no fue Atanasio quien resolvió el asunto, parece haber sido Hosio quien anunció que la simple forma de llegar a un acuerdo sería elaborando un credo.
El primer credo presentado al concilio fue escrito por dieciocho obispos arrianos. Expresado en un lenguaje escritural, este credo establecía la posición arriana tan ofensivamente que la algarabía irrumpió en todo el salón cuando el credo fue solemnemente presentado para la observación de todos los obispos.
Para este momento Eusebio de Cesarea sugirió un credo que él había escuchado por primera vez cuando era un niño, un credo asombrosamente bello que sería la base para establecer el credo que finalmente se adoptó. Eusebio fue cuidadoso en decir que el anticipaba este credo por el hecho de que él creía que las cosas divinas no podían ser totalmente expresadas en lenguajes humanos: no era perfecto, pero estaba tan cerca a la perfección que siempre él quiso llegar. Este credo dice:
“Creemos en un Dios, el Padre, Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles, y en un Señor Jesucristo, el Verbo de Dios, Dios de Dios, Luz de la Luz, Vida de la Vida, el Único Hijo Unigénito, el Primogénito de toda criatura, engendrado del Padre antes de todos los mundos, a través de quien también todas las cosas fueron hechas. Quien por nuestra salvación fue hecho carne, y vivió entre los hombres, y sufrió y resucitó al tercer día y ascendió al Padre y regresará otra vez en gloria para juzgar la carne y la muerte. Y en el único Espíritu Santo, creyendo que cada uno son y tienen existencia el Padre solo el Padre, el Hijo solo el Hijo, y el Espíritu Santo solo el Espíritu Santo… ”
Este credo fue aceptado por el emperador, y los arrianos no viendo en este nada que destruyera su posición lo hubieran aceptado si sus oponentes no hubieran visto que este credo fallaba en alguna manera en resolver el conflicto. Fue necesario establecer el credo en una manera tal que los arrianos fueran forzados a negar sus principios esenciales.
El papa Alejandro discutió el asunto con Hosio. Constantino volviéndose en contra de los arrianos que antes había favorecido, sugirió que Cristo debía ser definido como homoousios (uno en esencia con el Padre) y esta definición debería ser incluida en el credo. Los obispos ortodoxos estaban ganando fuerzas.
Un nuevo credo fue formado, haciendo una mezcla en el anterior y algunas inclusiones, unas declaraciones más vigorosas en contra de los arrianos fueron anunciadas por Hosio el diecinueve de junio, este credo se lee así:
“Creemos en un Dios, el Padre, Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, engendrado del Padre, solo engendrado, lo que quiere decir, de la misma sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, totalmente Dios de totalmente Dios, engendrado, no creado, de la misma sustancia del Padre, por quien todas las cosas fueron hechas, tanto en los cielos como en la tierra; quien por nosotros los hombres, y por nuestra salvación descendió y fue hecho carne, fue hecho hombre, sufrió y resucitó otra vez al tercer día, ascendió a los cielos, y regresará a juzgar la carne y la muerte. Y en el Espíritu Santo. Y aquellos que dicen ‘hubo un tiempo cuando el Hijo no era’ y ‘no existía antes que fuera creado’ y ‘fue hecho de la nada’ o aquellos que pretenden que el Hijo de Dios es ‘de otra hipostasis o sustancia’ o ‘creado’ o ‘alterable’ o ‘mutable’ la iglesia universal lo tendrá por anatema.”

Con esta forma el credo de Nicea dejó mucho que desear. Fue torturado, de filo áspero, sin poesía o ritmo y sin la nobleza de un credo de la iglesia de Palestina. Pero varias palabras que dieron significación viva al credo original “el Verbo de Dios” “el Primogénito de toda criatura” “engendrado del Padre antes de todos los mundos” fueron de hecho deliberadamente omitidas para mostrar que los triunfantes alejandrinos estaban resueltos a no comprometer ninguna laguna para que los arrianos lo doblaran y lo malinterpretaran.

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